12 de agosto 2004 - 00:00

Un penoso discurso

Eduardo Duhalde confesó, en pleno ejercicio de la presidencia, que «no sabía que el mundo estaba tan globalizado». La frase está destinada a ser recordada para demostrar la falta de ubicación que muchos de los políticos argentinos -y de este gobierno, que quiere diferenciarse de ellos- tienen respecto del contexto en el que les toca operar. ¿Se sumará Cristina Kirchner a esa lista con las sorprendentes y hasta por momentos desatinadas declaraciones que pronunció el martes ante el Council of the Americas, que sesionó en Buenos Aires? La primera dama dijo que el Fondo «pretende aplicarnos a nosotros recetas que fronteras adentro no aplican». Citó como ejemplo a los Estados Unidos, que « nunca le hizo caso al Fondo y mal no le fue», ironizó.

La afirmación de la senadora está llena de matices y también de errores. No habría que detenerse en el lapsus de hablar de «fronteras adentro» del FMI, al que acaso identificó como uno de los países poderosos que lo integran o, tal vez, con aquel que le da alojo, los Estados Unidos. Importa más la concepción que subyace a esa afirmación. Acaso llevada por su condición de abogada o de presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, la esposa del Presidente parece interpretar el mundo como un espacio homogéneo, en el que conviven sujetos jurídicos que, en calidad de tales, merecen un tratamiento equivalente por el principio de igualdad ante la ley. El que presta dinero por su solvencia (Estados Unidos, Japón, Francia, etc. vía el Fondo) está en igualdad con el que lo pide por ineficiente para administrarse.

• Ignorancia

Es una imagen rara de la vida internacional, sobre todo porque parece ignorar lo dieciochesco. Desde el siglo XIX, Carlos Marx, complementado por Lenin con su teoría de la etapa superior del «imperialismo», descubrió que, en realidad, los países se mueven en el escenario mundial según el monto del poder que administran.

Suponer que la Argentina puede igualar la autonomía internacional de Estados Unidos o de cualquier otro miembro del Grupo de los Siete implica desconocer datos de la historia y del funcionamiento del mundo. En el Fondo Monetario Internacional esta evidencia se puede cuantificar. Fue creado en el marco del Tratado de Bretton Woods de julio de 1944, junto con el Banco Mundial (más tarde se instituiría, con menor organicidad, el Tratado General de Tarifas y Comercio, GATT) y fue la expresión de un orden internacional de la segunda posguerra en el que Estados Unidos ocupaba el lugar de principal potencia. No más «colonizar» sino invadir con multinacionales a las naciones más pobres pero facilitarles crédito por si «entran en problemas de balanza de pagos», dado que así recuperan los inversores externos. Luego se amplió pero ése fue el sentido original del FMI.

Pero el liderazgo de EE.UU. no se debe sólo al contexto en el que fue creada la institución sino a su peso dentro de ella. Estados Unidos aporta y ejerce 17,46% del control del Fondo, gravitación que deriva de eso de ser su principal aportante. En el ranking le siguen Japón con 6,26%, Alemania con 6,11%, el Reino Unido y Francia con 5,05% -cada uno- e Italia con 3,32%. Interesa la enumeración porque revela que la Argentina mantiene un conflicto con quienes mayor peso poseen en ese organismo internacional.

La Argentina, en cambio, participa en 0,99% en el manejo del Fondo.

Para tener una idea de su gravitación como país (aunque abra una herida en el tradicional narcisismo del que se acusa siempre a los argentinos), equivale a Indonesia, que representa 0,98% del Fondo. Brasil, siguiendo la comparación, equivale a 1,43% de la institución. Estas diferencias llevan a pensar que hay países que pueden tener respecto de los organismos internacionales más autonomía que otros, sencillamente porque los manejan.

¿Es censurable esa situación? Depende de los valores de quien la mire. A nadie -como en cualquier banco- lo obligan a pedir. Pero si pide, debe cumplir. La primera ayuda del Fondo a la Argentina data de 1950. Juan Perón mandó a su secretario de Hacienda, Ramón Cereijo, a pedir aportes porque en 4 años el peronismo remató casi todas las cuantiosas reservas que dejó la Segunda Guerra Mundial.

• Invasión

El caso más extremo de cómo una nación puede ignorar a un organismo que integra es el de Estados Unidos en la invasión a Irak, realizada fuera del marco de las Naciones Unidas, de las que no sólo participa sino que, además, conduce desde el Consejo de Seguridad, que integra como uno de los 5 miembros permanentes. En definitiva, aunque contradiga el orden normativo que se dio la humanidad durante el siglo XX, los países suelen llevar adelante la política exterior a la que los habilita su PBI.

Sin embargo los argumentos expuestos hasta aquí no son los que mejor podría aprovechar la senadora Kirchner para advertir la naturaleza de su falacia. El Fondo emite periódicamente informes sobre las economías de sus estados miembros. Estados Unidos no forma parte de un programa del Fondo, como sí les ocurre a todos los países que le deben plata a la institución. Es lógico.

• Ejemplos

Para el ejemplo de la primera dama hubiera alcanzado con citar a Chile (país admirado por el actual gobierno, por lo menos hasta la crisis del gas), que tampoco le debe al Fondo y, por lo tanto, tiene una enorme libertad para desconocer sus políticas y burlarse de sus recomendaciones, si quisiera. Brasil, con gran orgullo, vivió hasta hace pocos años. Hizo lo que quiso. Hoy no. Hoy cumple. Acepta revisión.

Este dato objetivo es doloroso pero está en la base del problema nacional: la Argentina es una nación quebrada y, por lo tanto, intervenida por la comunidad internacional del mismo modo que les sucede a las empresas fallidas con sus acreedores.

• Desinterés

El historiador Tulio Halperín Donghi señaló que uno de los rasgos más inteligentes de Juan Manuel de Rosas fue proponerse como un gobernante que resistía la invasión de las inversiones extranjeras en un momento en el cual el capital internacional carecía de cualquier interés de intervenir en la Argentina. Es decir, hizo de la necesidad virtud. ¿Es esto lo que sucede con Kirchner, obligado por Lavagna a una desconexión inesperada de los organismos a los que vino cultivando y aportando fondos desde que asumió la Presidencia? Si no es el caso del Presidente, acaso sea el de Lavagna: obligado al aislamiento porque del otro lado no le levantan el teléfono, el ministro bien puede estar pensando en hacer de ese fracaso una bandera pasablemente nacionalista o demagógica en una futura campaña electoral porteña o bonaerense. Pero no debieron jugar así a la primera dama. Si buscó evanescer su gira y coloquio con las principales figuras de Estados Unidos en las últimas semanas no puede hacerlo a cambio de expresiones que la desmerecen. Si, en cambio, intentó ganar el vacío que está dejando Elisa Carrió debería meditar que si la arista se abre es porque ve al progresimo en decadencia.

Le sucedió a Duhalde con la globalización y acaba de ocurrirle a la Sra. Kirchner. Confundió la capacidad de maniobra de un acreedor planetario, como es el país que conduce George W. Bush, con la del primer deudor internacional en función de su PBI, que gobierna su marido.

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