Un penoso discurso
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La Argentina, en cambio, participa en 0,99% en el manejo del Fondo.
Para tener una idea de su gravitación como país (aunque abra una herida en el tradicional narcisismo del que se acusa siempre a los argentinos), equivale a Indonesia, que representa 0,98% del Fondo. Brasil, siguiendo la comparación, equivale a 1,43% de la institución. Estas diferencias llevan a pensar que hay países que pueden tener respecto de los organismos internacionales más autonomía que otros, sencillamente porque los manejan.
¿Es censurable esa situación? Depende de los valores de quien la mire. A nadie -como en cualquier banco- lo obligan a pedir. Pero si pide, debe cumplir. La primera ayuda del Fondo a la Argentina data de 1950. Juan Perón mandó a su secretario de Hacienda, Ramón Cereijo, a pedir aportes porque en 4 años el peronismo remató casi todas las cuantiosas reservas que dejó la Segunda Guerra Mundial.
• Invasión
El caso más extremo de cómo una nación puede ignorar a un organismo que integra es el de Estados Unidos en la invasión a Irak, realizada fuera del marco de las Naciones Unidas, de las que no sólo participa sino que, además, conduce desde el Consejo de Seguridad, que integra como uno de los 5 miembros permanentes. En definitiva, aunque contradiga el orden normativo que se dio la humanidad durante el siglo XX, los países suelen llevar adelante la política exterior a la que los habilita su PBI.
Sin embargo los argumentos expuestos hasta aquí no son los que mejor podría aprovechar la senadora Kirchner para advertir la naturaleza de su falacia. El Fondo emite periódicamente informes sobre las economías de sus estados miembros. Estados Unidos no forma parte de un programa del Fondo, como sí les ocurre a todos los países que le deben plata a la institución. Es lógico.
• Ejemplos
Para el ejemplo de la primera dama hubiera alcanzado con citar a Chile (país admirado por el actual gobierno, por lo menos hasta la crisis del gas), que tampoco le debe al Fondo y, por lo tanto, tiene una enorme libertad para desconocer sus políticas y burlarse de sus recomendaciones, si quisiera. Brasil, con gran orgullo, vivió hasta hace pocos años. Hizo lo que quiso. Hoy no. Hoy cumple. Acepta revisión.
Este dato objetivo es doloroso pero está en la base del problema nacional: la Argentina es una nación quebrada y, por lo tanto, intervenida por la comunidad internacional del mismo modo que les sucede a las empresas fallidas con sus acreedores.
• Desinterés
El historiador Tulio Halperín Donghi señaló que uno de los rasgos más inteligentes de Juan Manuel de Rosas fue proponerse como un gobernante que resistía la invasión de las inversiones extranjeras en un momento en el cual el capital internacional carecía de cualquier interés de intervenir en la Argentina. Es decir, hizo de la necesidad virtud. ¿Es esto lo que sucede con Kirchner, obligado por Lavagna a una desconexión inesperada de los organismos a los que vino cultivando y aportando fondos desde que asumió la Presidencia? Si no es el caso del Presidente, acaso sea el de Lavagna: obligado al aislamiento porque del otro lado no le levantan el teléfono, el ministro bien puede estar pensando en hacer de ese fracaso una bandera pasablemente nacionalista o demagógica en una futura campaña electoral porteña o bonaerense. Pero no debieron jugar así a la primera dama. Si buscó evanescer su gira y coloquio con las principales figuras de Estados Unidos en las últimas semanas no puede hacerlo a cambio de expresiones que la desmerecen. Si, en cambio, intentó ganar el vacío que está dejando Elisa Carrió debería meditar que si la arista se abre es porque ve al progresimo en decadencia.
Le sucedió a Duhalde con la globalización y acaba de ocurrirle a la Sra. Kirchner. Confundió la capacidad de maniobra de un acreedor planetario, como es el país que conduce George W. Bush, con la del primer deudor internacional en función de su PBI, que gobierna su marido.



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