4 de enero 2005 - 00:00

Una ciudad incapaz durante años de tener inspectores

Aníbal Ibarra confirmó ayer la renuncia de la subsecretaria de Control Comunal, Fabiana Fiszbin, tal como anticipó este diario, que se agrega a la dimisión del ex secretario del Area, Juan Carlos López. Con el desplazamiento de esa funcionaria, íntima amiga además de la senadora Vilma Ibarra (hermana del jefe porteño), Ibarra desliza otra pirueta más, desde que asumió en 2000, sobre el plantel de los inspectores.

En la Ciudad de Buenos Aires asociar inspecciones con coimas ya constituye un mal endémico. Buscar una solución al control de la vía pública, pero sin riesgos, es una receta que Ibarra no acierta.

En noviembre de 2003, el jefe porteño disolvió directamente la Dirección General de Verificación y Control. Dijo que «era un focazo de corrupción». Pasó a disponibilidad a 500 empleados públicos, 300 de los cuales eran inspectores. Esos «inspectores de calle» acusados de pedir coimas fueron reemplazados por una unidad de profesionales pero menos numerosa y así teniendo menos controles.

El área estaba a cargo de la radical Silvana Giúdice, quien terminó integrando las listas filoibarristas del Partido de la Ciudad, de Jorge Giorno en la pasada elección y ganó una banca de diputada nacional.

• Traspasos

Antes de esa movida, que algunos argumentan que Ibarra provocó para prevenir denuncias escandalosas sobre el área, ya había tenido un traspié con el anterior jefe de los inspectores, Horacio Spandonari, capturado por una cámara oculta de un canal de TV a la cual el jefe porteño obedeció. El ex funcionario pasó a desempeñarse como miembro del directorio de la obra social municipal. Los inspectores de la calle también pasaron a otras áreas, muchos de ellos.

Otro ensayo estuvo a cargo del área que comandaba el actual presidente del Banco Ciudad,
Eduardo Hecker. Uno de sus funcionarios resistió batucadas y hasta encierros en Verificaciones, en oposición al control que intentaba realizar sobre los encargados de verificar que estén en regla los comercios de todo tipo.

Se creó la Unidad Polivalente,
que no alcanza a cubrir los 200 mil negocios de la Ciudad de Buenos Aires. Se eliminó el staff del turno noche, quizá el preferido por los inspectores «traviesos», pero cuya experiencia nunca les hará caer por unos pocos pesos, víctimas de una «media sombra» fuera de lugar. Se puso en marcha un reciclado de toda el área, que incluye la informatización total del sistema, pero no se completó aún.

El plantel de nuevos inspectores constituyen dos capas: la de jóvenes radicales aleccionados por
Giúdice y la de los nuevos designados durante la gestión de Fiszbin, todos ahora bajo la dependencia temporaria del jefe de Gabinete, Raúl Fernández. Son pasantes o contratados con nula experiencia o compromiso con la tarea. No tienen rutinas de trabajo y cumplen inspecciones «por objetivos» que no sorprenden nunca a nadie.

Mientras
Ibarra ensaya, desde el sector de locales de baile, un ex empresario comentó a este diario cuáles son los flancos débiles de esos emprendimientos y qué se controla:

• La Policía puede controlar desde que no se venda alcohol a menores, hasta drogas peligrosas.

• El control de bomberos es una vez por año y certifican que pisos, techos, paredes, etc. no sean inflamables. Después los inspectores de la Ciudad controlan la carga de los matafuegos.

• Los inspectores porteños deben controlar que todo se mantenga de acuerdo con las reglas de habilitación, como por ejemplo 10 metros lineales de salida de emergencia cada 1.000 personas.

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