Una fina relojería que habilitó el PJ permitió que saliera la ley
-
Paro de colectivos: el Gobierno recibió a las cámaras y el sector define los próximos pasos
-
CABA avanza en la licitación para construir estacionamientos debajo de plazas y parques
• Las diferencias nunca pusieron en riesgo la homogeneidad de la bancada, fortalecida por la soledad en que la dejaron la mayoría de los mandatarios federales. Con excepción de De la Sota y algunos caciques de las denominadas provincias chicas, había malestar por la ausencia de Carlos Ruckauf, Carlos Reutemann y hasta del santacruceño Néstor Kirchner. « Se borraron casi todos y mañana (por hoy) capaz que ya nos van a estar pegando porque votamos el ajuste», reflexionaban a coro ayer los senadores.
• Desde el sábado, había dos posiciones muy claras, casi antagónicas, entre los que querían repetir la táctica opositora de Diputados (Gioja, Eduardo Bauzá, Eduardo Menem y el tucumano José Carbonell, etcétera) y quienes promovían modificaciones por mayoría simple, de manera tal de retornar a Diputados el ajuste y que la responsabilidad de convertirla en ley -incluido el antipático recorte de sueldos y jubilaciones- recayera en la Alianza. Desempolvaban la estrategia que habían desplegado cuando José Luis Machinea les remitió el primero de una interminable serie de impuestazos, a comienzos de la gestión aliancista.
• Los auspiciantes de la fórmula conocida como «votar con el culo» (sentarse en la banca para dar el número) pensaban dar quórum, pero asegurándose de que la norma saldría con el voto favorable de los radicales y sus amigos provinciales. Con esa premisa, pretendían dar los discursos en contra, con el eco -previsible- del radical Leopoldo Moreau.
• La segunda variante la defendían los más «duros», entre ellos, el pampeano Carlos Verna, el jujeño Alberto Tell y el chaqueño Horacio Zalazar. Frente al panorama desolador que ofrecía el gobierno, habían arriado las banderas a media asta, ya que -en principio- mencionaban la posibilidad de voltear la iniciativa y, posteriormente, de reformarla con 2/3 y así impedir que el oficialismo la devolviera en la Cámara alta a su redacción preferida en materia de tijeretazos.
• Llevaban una leve ventaja los primeros, conciliadores con el Ejecutivo, pero antes de resolver la actitud que llevarían al recinto al día siguiente, esperaron el arribo de Augusto Alasino, el chubutense Osvaldo Sala y el santacruceño Eduardo Arnold, también catalogados de «halcones».
• La pulseada se disolvió, tras pactar un compromiso a puertas cerradas para proteger a los que no bajaran al recinto y facilitaran, de esta forma, la sanción de la ley. Los que comenzaron a autoexcluirse pidieron protección de sus compañeros. Gioja se juramentó a dar los nombres de quienes tomaran esta actitud en público, enaltecerlos y brindarles un respaldo indudable durante la sesión. La consigna era que no querían que se repitieran las sospechas de la reforma laboral. Nadie deseaba quedar como cómplice del gobierno y cargar con las culpas y acusaciones.




Dejá tu comentario