30 de julio 2001 - 00:00

Una fina relojería que habilitó el PJ permitió que saliera la ley

El bloque peronista del Senado decidió recién a primera hora de la tarde de ayer la forma en que facilitaría, sin votar a favor, la aprobación del proyecto de ley de déficit cero, demorada desde el miércoles. Luego de varios conciliábulos, llegaron a la conclusión de que bajarían en masa al recinto para permitir el tratamiento sobre tablas y no obstaculizar los 2/3 que necesitaba el gobierno.

No obstante, comenzarían a retirarse en cuentagotas con el propósito de que la ley saliera gracias al único aval de la UCR y sus aliados provinciales, y la oposición pudiera pronunciarse en contra de la norma (no estaban dispuestos a apoyar el cercenamiento de jubilaciones y salarios de manera indiscriminada).

Hubo, en ese sentido, cálculos y especulaciones varias sobre la cantidad de legisladores que debían permanecer en las bancas y cuántos podían marcharse.

• Una carta de José Manuel de la Sota, remitida a José Luis Gioja y compañía, contribuyó a agilizar la votación, especialmente porque los demás gobernadores propios no se habían comprometido con el peronismo senatorial en los momentos previos a la sesión del domingo. Los dejaron, virtualmente, librados a su suerte. Los senadores se quedaron esperando, sin éxito, un acuerdo con los 14 mandatarios del interior que los respaldara en un trance polémico.

• Cuando Chrystian Colombo tuvo la confirmación de Gioja de cómo se comportaría el PJ, respiró aliviado. Cerca de las 14, el jefe de Gabinete había conversado con el titular del bloque justicialista y algunos de sus compañeros, entre ellos, Eduardo Bauzá, Remo Costanzo (Río Negro), el riojano Jorge Yoma, el chaqueño Hugo Sager y Gerardo Palacios (Tierra del Fuego), entre otros. Se retiró de dependencias del bloque con la promesa de que la administración De la Rúa no boicotearía una ley correctiva que mejore aspectos censurados por el peronismo.

• Todos los justicialistas se oponían a las podas a la clase pasiva y, en menor medida, a los empleados de la administración pública. Pero las discrepancias estaban centradas en la metodología destinada a manifestar la crítica al paquete de medidas, sin contribuir al default.

• Las diferencias nunca pusieron en riesgo la homogeneidad de la bancada, fortalecida por la soledad en que la dejaron la mayoría de los mandatarios federales. Con excepción de
De la Sota y algunos caciques de las denominadas provincias chicas, había malestar por la ausencia de Carlos Ruckauf, Carlos Reutemann y hasta del santacruceño Néstor Kirchner. « Se borraron casi todos y mañana (por hoy) capaz que ya nos van a estar pegando porque votamos el ajuste», reflexionaban a coro ayer los senadores.

• Desde el sábado, había dos posiciones muy claras, casi antagónicas, entre los que querían repetir la táctica opositora de Diputados (
Gioja, Eduardo Bauzá, Eduardo Menem y el tucumano José Carbonell, etcétera) y quienes promovían modificaciones por mayoría simple, de manera tal de retornar a Diputados el ajuste y que la responsabilidad de convertirla en ley -incluido el antipático recorte de sueldos y jubilaciones- recayera en la Alianza. Desempolvaban la estrategia que habían desplegado cuando José Luis Machinea les remitió el primero de una interminable serie de impuestazos, a comienzos de la gestión aliancista.

• Los auspiciantes de la fórmula conocida como «votar con el culo» (sentarse en la banca para dar el número) pensaban dar quórum, pero asegurándose de que
la norma saldría con el voto favorable de los radicales y sus amigos provinciales. Con esa premisa, pretendían dar los discursos en contra, con el eco -previsible- del radical Leopoldo Moreau.

• La segunda variante la defendían los más «duros», entre ellos, el pampeano
Carlos Verna, el jujeño Alberto Tell y el chaqueño Horacio Zalazar. Frente al panorama desolador que ofrecía el gobierno, habían arriado las banderas a media asta, ya que -en principio- mencionaban la posibilidad de voltear la iniciativa y, posteriormente, de reformarla con 2/3 y así impedir que el oficialismo la devolviera en la Cámara alta a su redacción preferida en materia de tijeretazos.

• Llevaban una leve ventaja los primeros, conciliadores con el Ejecutivo, pero antes de resolver la actitud que llevarían al recinto al día siguiente, esperaron el arribo de
Augusto Alasino, el chubutense Osvaldo Sala y el santacruceño Eduardo Arnold, también catalogados de «halcones».

• La pulseada se disolvió, tras pactar un compromiso a puertas cerradas para proteger a los que no bajaran al recinto y facilitaran, de esta forma, la sanción de la ley. Los que comenzaron a autoexcluirse pidieron protección de sus compañeros.
Gioja se juramentó a dar los nombres de quienes tomaran esta actitud en público, enaltecerlos y brindarles un respaldo indudable durante la sesión. La consigna era que no querían que se repitieran las sospechas de la reforma laboral. Nadie deseaba quedar como cómplice del gobierno y cargar con las culpas y acusaciones.

Dejá tu comentario

Te puede interesar