El nuevo gobierno ha acreditado un dinamismo inesperado, afrontando situaciones como las del gremio docente, los mandos de las Fuerzas Armadas, los conflictos institucionales. Debe recordarse que la actividad del gobierno moderno requiere venas y arterias en buen estado, como las que acreditaron a Kennedy para ser electo en fulgurante juventud. La Constitución cobra vida cuando sus protagonistas personifican los modelos escritos.
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Anoche el Presidente hizo inequívoca su aspiración a desterrar modos recientes en el desempeño del Alto Tribunal del país. Invoca y espera el acompañamiento de los otros actores institucionales y abre una instancia que no parece del todo acertada. La Corte Suprema es un problema político al que, hasta ahora, no se le ha hallado solución. Pero también es un mecanismo indispensable para el funcionamiento adecuado de los poderes y la imagen externa e interna de la seguridad jurídica. El actual enfrentamiento no es tolerable para el sistema. Debe saldarse con urgencia. Desde la doctrina, hemos sostenido que debe instituirse una Corte Constitucional que cumpla los roles de guardián de la ley fundamental, olvidados por un integrante a favor de su interés particular.
Esa creación, casi unánime en el derecho comparado, aportaría además un progreso técnico de primera clase. Para ello se requiere la reforma de la Carta Magna. Su trámite no es sencillo ni ágil. Pero aportaría valiosos dones, de obvia importancia. Podría precederse por una consulta popular, previa derogación de la inconstitucional ley que impide oír la vox populi en los temas constitucionales. Con ese descontado respaldo, la vía de la Convención Reformadora quedará expedita y, descartadas objeciones personales, se operaría un relevo con rendimiento institucional, tal vez completando la estructura judicial con una Corte Nacional de Casación.
• Error político
Juan Perón señalaba como el mayor error político de su larga vida haber propiciado el juicio político de la Corte Suprema. Tomar en serio la Constitución es también asumir la historia de las equivocaciones. No sólo debe aprehenderse el mecanismo de los arts. 53, 59 y 60. También la prudencia es ingrediente del buen gobierno.
• Compromiso
El presidente de la Nación, en su discurso del 25 de mayo, afirmó con énfasis su voluntad de impulsar la plena vigencia de la Constitución. Asumió así, ante la Asamblea Legislativa, un compromiso: respetar el orden jurídico a partir de su más alta concreción institucional. Pero, al mismo tiempo, señaló como pauta básica de su gobierno un modo dinámico para éste, no como gestión de lo establecido, sino como su transformación a favor de la función que se reconoce a la Constitución: perseguir determinados objetivos en lo atinente a las relaciones económicas y sociales, al uso del poder y a la creación de instrumentos para las mutaciones y el desarrollo productivo. Apropiándonos de la atrayente imagen de Dworkin, predicó que tomemos en serio la Constitución, con sus potencialidades institucionales como instrumento al servicio de las aspiraciones mayoritarias y medio racional para permitir el progreso y la evolución en paz. (*) Ex juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación
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