Inoportuna la ocurrencia de Gustavo Béliz de embarcar a su gobierno en una polémica que el propio presidente Néstor Kirchner ha intentado cuidadosamente eludir. Condenó en un cóctel de Ginebra (la ciudad suiza, se entiende), la doctrina de la guerra preventiva que lleva adelante el gobierno de George W. Bush.
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Más allá de las reservas que se sabe Kirchner tiene hacia esa política esgrimida por Washington para la invasión de Irak, la ha reservado como presidente sólo para administrar el país; en realidad, lleva adelante una guerra preventiva contra el peronismo, contra las Fuerzas Armadas, etcétera. Pero se ha cuidado de criticar esos principios en lo internacional. Todo lo contrario; desde el discurso de asunción se ha pronunciado abierta y claramente como un defensor de la guerra que llevan los Estados Unidos contra el terrorismo, es decir contra el fundamentalismo islámico.
Embalado por las palabras, el extravagante ministro de Justicia dijo ayer en Suiza que apoya las palabras del electo jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando dijo que «no se puede bombardear un pueblo por si acaso».
La cautela del gobierno argentino para mantenerse alineado tácitamente con los Estados Unidos en su esfuerzo de guerra -sin expresar ese apoyo con declaraciones o actos concretos-es uno de los activos más importantes de la administración Kirchner. Washington lo ha reconocido y explica el fuerte sustento que sus delegados en los organismos internacionales han dado a la Argentina en la discusión de cada tramo de la negociación del programa económico.
• Reclamo
Cada visitante que ha venido a Buenos Aires desde Washington ha agradecido ese apoyo tácito de la administración Kirchner y el propio Presidente recogió ese mismo testimonio en cada viaje internacional que ha hecho. Las palabras de Béliz motivarán un reclamo discreto de Washington; aclararán desde la Casa de Gobierno que se trata de un mero desliz del ministro y éste habrá sumado un tanto menos en la consideración del jefe de su gobierno.
Para hacerla completa, Béliz retorció otro frente conflictivo del gobierno -en la Iglesia de los católicos-al confirmar que se apoyará la moción de Brasil ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU por la que se declara el respeto de los derechos de todas las personas independientemente de su orientación sexual. Se trata de un gesto de apoyo a los reclamos de las organizaciones defensoras de los derechos de la comunidad homosexual que irrita a los obispos católicos tanto o más que el sector abortista.
Finalmente, Béliz confirmó que cuando se vote el dictamen de la comisión sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, el gobierno argentino se abstendrá y dio un insólito argumento que echó por tierra cualquier intento de seriedad: apoyar la condena del régimen de Castro «contribuye a la politización del tema y no ayuda realmente a mejorar la situación de los derechos humanos».
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