18 de enero 2006 - 00:00

Uruguay con otra óptica

Algunos funcionarios argentinos aún tienden a creer que el anuncio de un acuerdo comercial directo entre Uruguay y Estados Unidos es sólo una estrategia de ministros del presidente Tabaré Vázquez para mejorar su posición dentro del Mercosur. Sin embargo, en el vecino país se escucha decir «entre estar al lado de dos tigres hambrientos mejor arriesgarte junto a un elefante, que por lo menos es herbívoro». Hace años un ex presidente uruguayo muy respetado expresaba en la intimidad: «Qué suerte que tienen los argentinos con sus sindicalistas. Son corruptos y por tanto se puede calmarlos fácil. Los nuestros son ideologizados».

Puede ser que, efectivamente, los funcionarios y simpatizantes de izquierda del Frente Amplio, que ganó allí las elecciones y hoy gobierna, hayan lanzado sólo una bomba de humo al anunciar tal acuerdo con Estados Unidos para que dejen «los dos tigres» (Brasil y la Argentina) de manipularlos dentro del Mercosur. Pero también es posible que realmente sientan que es lo mejor para su país. Y podrían no estar equivocados.

Como los sindicalistas, los otrora guerrilleros uruguayos de los '60 y '70 lo eran más por ideología que por cualquier resentimiento fruto de ambicionar riqueza y cargos oficiales que se repartían históricamente el partido Blanco y el Colorado. En relación con la Argentina se parecían mucho más a nuestros subversivos del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), prácticamente extinguidos tras ser fuertemente ideologizados bajo el mando de Mario Roberto Santucho, que a los también nuestros «montoneros», mucho más venales, capaces de traicionarse unos a otros y que terminaron encaramándose hoy al gobierno kirchnerista para usar, por fin, fondos oficiales, autos, choferes, alfombras rojas, cobrar viáticos, viajar, colocar a sus mujeres y parientes en cargos públicos.

Los «montoneros» fueron más fruto del resentimiento personal que de la ideología. De hecho provenían del nacionalismo católico y luego aparecieron algunos jóvenes líricos y los marxistas pero «a la criolla», o sea burgueses en cuanto tuvieran oportunidad de tomar cargos y manejar dinero.

Por eso no es fácil -ni conveniente- juzgar los procesos políticos uruguayos con la óptica argentina. En primer lugar la calidad de la clase política uruguaya por décadas, ya lo hemos dicho, ha sido superior a la nuestra. Digamos que durante la Segunda Guerra Mundial la mayoría uruguaya apoyaba a los aliados cuando los núcleos gobernantes argentinos apostaban al triunfo nazi. Conocieron después la dictadura y perdieron la democracia cuando hubo que combatir una guerrilla con fuerte ideología mientras nosotros -innovadores para mal- ya perdíamos las libertades, los parlamentos libres y la prensa independiente en los años '50.

El ideólogo de izquierda aunque errado, con relación al resentido del mismo lado, aporta al menos la ventaja para su patria de que puede rotar ideas. Xiaoping es reconocido como el ideólogo máximo que encaminó el boom mundial de lo que es China hoy, pero en su origen fue un comunista exacerbado hasta transformarse en la mano derecha del revolucionario Mao Tsé Tung. En Uruguay nadie duda que el hoy ministro de Ganadería, José Mujica, fue un tupamaro de acción y, sin embargo, en estos días acaba de lanzar la audaz frase «El Mercosur no sirve para un carajo», que es una señal indirecta -no tiene margen políticamente para más, es obvio- de decir «prueben acuerdo con Estados Unidos o con quien sea si no nos tratan mejor la Argentina y Brasil». Mujica también demostró originalidad cuando aconsejó a sus compatriotas el sacrificio de comer menos carne para aprovechar la demanda mundial y aumentar las reservas de su país. En la Argentina nuestros ex subversivos, además de usufructuar el poder, sólo viven para la intriga, para dominar jueces, para silenciar periodistas, para crear espionajes en «SIDES paralelas», para levantar monumentos vengativos.

• Afectado

Paraguay, otro de los afectados como país más chico en esta alianza de aranceles comerciales comunes en el Cono Sur sin que nada de los demás progrese, hace rato que inició un acercamiento a Estados Unidos. El ingreso de Venezuela al Mercosur sólo les asegurará a Uruguay y a Paraguay pasar a ser cuarto y quinto, porque Hugo Chávez tiene petróleo. Por ahí pasan a ser considerados quinto y sexto si se lanzan «los tigres» a incorporar a Bolivia que tiene gas.

Aun para el espinoso tema de las papeleras proyectadas en el vecino país hay que mirar con otro enfoque para hablar con ellos. Lo que no se sabe es si nuestro gobierno tiene variantes de «enfoques». O si alguien se atreve a pensar distinto que la Casa Rosada.

• Diferencias

Otro factor para entender mejor a Uruguay, sin la engañosa óptica argentina surgida de «nuestra izquierda», es que aquí estamos sometidos al unicato en el Poder Ejecutivo. El presidente de la Nación es también canciller, ministro de Economía, jefe de Gabinete como para nunca reunirlo, aglutinador de la prensa adicta y denostador de la opositora, adjudicador de subsidios, afilador de guillotinas políticas.

Es prematuro hablar o juzgar, es cierto, porque el Frente Amplio de izquierda todavía no cumplió un año en el poder en Uruguay. Pero en Montevideo nada parece ser como en nuestra orilla. Los ministros tienen cabeza propia para pensar y voz propia para expresarse y por eso en estos días se oyó ese coro de disparidades de altos funcionarios uruguayos. Es un conjunto gobernando, no un matrimonio.

Por supuesto la última palabra la tendrá el presidente Tabaré Vázquez en este tema del acuerdo o no con Estados Unidos pero seguramente saldrá de un consenso de inteligencias.

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