15 de agosto 2022 - 00:00

Rodolfo Bebán fue un actor que unió lo popular a lo artístico

Bebán. Galán al viejo estilo, su vasta carrera conoció muchos éxitos.

Bebán. Galán al viejo estilo, su vasta carrera conoció muchos éxitos.

Rodolfo Bebán se fue el sábado a la noche, como tantos otros sábados se fue del escenario, y del teatro, que era su vida, mientras las luces se iban apagando. Tenía 84 años, desde los 81 estaba definitivamente retirado, y acumulaba ya muchas glorias y demasiados dolores.

Hombre de buena estampa, voz recia y ojos hermosos de mirada intensa, Bebán fue un enorme actor de teatro, una figura convocante del cine, y un popularísimo galán de la televisión. Le incomodaba esa popularidad, y en su infancia ni soñaba con pisar las tablas. Su padre era un actor bohemio, de notable talento pero mal carácter, que no supo mantener siquiera el amor de la familia. Recién pasada la adolescencia pudieron hablarse, aunque de modo algo distante, cuando sintieron que coincidían en una misma pasión: el teatro. Incluso alguna vez, ya viejo, don Miguel Bebán dirigió al hijo en una obra unipersonal, “Diario de un loco”, basada en un cuento de Gogol. Ese era el caballito de batalla del viejo, era como transferirle una herencia. Antes hubo otra: el apellido artístico. El verdadero apellido de ambos, y el de los seis hijos de Rodolfo Bebán, es Tilli.

Así, como Rodolfo Tilli, se enganchó un día a trabajar de extra en una versión teatral de “Fuenteovejuna” en una sala de Morón. Ahí descubrió el ambiente, el olor de las tablas, la cálida penumbra detrás del escenario, la emoción y el miedo ante los públicos. El aplauso, en cambio, le incomodaba un poco. Se reencontró con el padre, tomó su nombre, estudió, fue progresando hasta integrar la Comedia Nacional en el Teatro Cervantes. Había empezado a fines de los 50. A mitad de los 60 le llegó la fama completa, por su papel de galán en una telenovela de reconocible calidad: “El amor tiene cara de mujer”, de Nené Cascallar, y a fines de esa década la consagración en la popularísima “Malevo”, en el papel de un compadrito. Pronto se agregaron los discos (el “Poema 20” de Neruda, una reducción de “Platero y yo”, etcétera) y el cine: en 1972 encarnó a Juan Manuel de Rosas en el film homónimo de Manuel Antín, y un año después alcanzó la cúspide con el “Juan Moreira” de Leonardo Favio, suerte de santificación de un gaucho forzado a convertirse en matón de comité. Allí la fotografía de Juan Carlos Desanzo captó como ninguna el enojo, la angustia y la tristeza que podía haber en los ojos de Bebán.

También fueron llegando los hijos (una con la modelo Liz Amaral, dos con Claudia Lapacó, tres con Gabriela Gili), la viudez, los desafíos mayores, el paulatino aquietamiento tras casi medio siglo de trabajo, la gran pieza casi de despedida, “Filosofía de vida”, con otro grande, Alfredo Alcón, y Claudia Lapacó, en la temporada 2011. Después, calladamente, comenzó el retiro. No hay quien lo reemplace.

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