- ámbito
- Secciones Especiales
¿A quiénes convocan los megarrecitales?

Los tickets para ver a las bandas internacionales no bajan de los 100 pesos, y una entrada promedio ronda los 250 (Madonna, Queen, Luis Miguel). Así y todo, los jóvenes siguen pagando para ver a sus ídolos. El movimiento que se genera desde el interior del país es cada vez más significativo, llegan fans desde países limítrofes, y las bandas siguen llenando estadios.
Más que europeos y norteamericanos
«Los argentinos gastan mucho más dinero en recitales que los españoles, o que los norteamericanos, a pesar de que los sueldos están devaluados y los precios de las entradas se manejan en valores internacionales», confiesa José Lataliste, director de Marketing de Fénix Entertainment, la productora que este año trajo a Queen después de 27 años, organizó el show de Luis Miguel en Vélez y festejó los 40 años de música de Julio Iglesias. «Un argentino que tiene un sueldo medio no puede ir a ver a su artista preferido en el exterior, porque entre el pasaje en avión, el ticket, el hotel y los viáticos va a gastar una fortuna. Por eso paga lo que sea por verlo acá», cuenta, y aclara que «los grandes recitales son impulsores del turismo. Llega muchísima gente del interior del país, de todos los niveles socioeconómicos. Por ejemplo, para venir a ver a un artista a la Capital, un misionero se pone de acuerdo con un neuquino y un salteño, y entre los tres le piden a un porteño que les compre las entradas. Es increíble cómo se relacionan y da gusto ver cómo se movilizan. Para ver a Queen vinieron colectivos desde Mendoza, San Juan, Salta, Córdoba. Respecto de los turistas extranjeros, llegan procedentes de países limítrofes que no tienen la posibilidad de ver a esos artistas en sus lugares de origen».
Lataliste equipara la cultura musical argentina al nivel de la inglesa, nada menos que la cuna de las máximas bandas de la historia. Cuenta que «con Queen se vio algo único. Hubo tres generaciones juntas, el niño, su padre y su abuelo. El propio Brian May (guitarrista de la banda) reconoció que el recital fue el mejor de la gira, y que le había causado un gran impacto personal y emocional.
«Por eso las agencias de turismo ofrecen con mucha anticipación paquetes completos que incluyen entradas, hospedaje y, en algunos casos, tours por la ciudad sede. Cuando se trata de Buenos Aires, generalmente los programas incluyen paseos por el Delta, espectáculos de tango, visitas a museos o alguna actividad adicional», considera el máximo responsable de la AAAVYT.
«Le doy un dato: casi veinte por ciento de los espectadores de los grandes recitales que se hacen en la Ciudad de Buenos Aires es gente del interior del país».
«Por nuestros hoteles desfilaron Roger Waters, Bryan Adams, Ricky Martin, Chayanne, Bee Gees, Ricardo Montaner y ahora Luis Miguel, entre otros artistas reconocidos», cuenta María José Gutiérrez, gerente de Relaciones Públicas del Sheraton Buenos Aires y Park Tower.
Luis Miguel, que se presentó la semana pasada en el estadio de Vélez, eligió la suite presidencial en la torre de lujo del Park Tower, considerada la habitación más grande de todos los hoteles de la Argentina, con casi 400 metros cuadrados.
«Es imponente, muy barroca, con antigüedades de gran valor, cargada, muy lujosa», relata Gutiérrez, quien confiesa que el puertorriqueño nacionalizado mexicano «pasa mucho tiempo en su habitación y siempre tiene que tener un lugar privado para tomar sol». La mujer recuerda otras giras anteriores del cantante cuando «se juntaban cientos de fans procedentes del interior del país y del exterior en la puerta del hotel». Reconoce que «el movimiento interno que se genera es importante, incluso se ve en el incremento de reservas». Como dato de color, vale aclarar que la suite presidencial del Park Tower oscila los 10 mil dólares por noche.
Mucho más que una pasión
Pablo Amieva es geólogo de profesión, trabaja en una empresa de imágenes satelitales y junto a su amigo César Barabino recorre «el mundo» siguiendo a la ex banda de Freddy Mercuri, ahora liderada por Bryan May, Roger Taylor y el recién incorporado Paul Rodger.
«Siempre dije que algún día los iba a seguir en alguna gira. Al principio lo veíamos como una locura, pero con el tiempo empezamos a darle forma. La primera vez fue Brixton Academy, en 2005. Pero esta última gira superó todas nuestras expectativas: empezamos en Milán en setiembre, pasamos por Zurich, Munich, Mannheim, Hannover, Hamburgo, Rotterdam, Luxemburgo, Nottingham, Glasgow, Londres, Cardiff, Argentina y Rio de Janeiro. En Cardiff entramos al camarín y les hicimos una nota a todos los integrantes. Fue espectacular, porque se interesaron por nuestra salud, querían saber si estábamos a gusto, en qué hotel parábamos, si estábamos comiendo bien», dice Amieva. «Perdimos aviones, llegamos a hoteles donde no existían reservas, dormimos en estaciones, nos hicimos pasar por policías para entrar a los trenes. Estos viajes son así. Pero la alegría por ver a Queen supera todo lo malo».
Pablo compra las entradas algunas veces, otras las canjea con seguidores de otros países, en alguna ocasión, incluso, fue invitado de gentileza por el representante del grupo. «Nada se compara al show de Buenos Aires, sobre todo por el calor de la gente. Ellos mismos reconocieron que fue la mejor presentación de toda la gira. En el exterior, sólo en Italia sentimos el calor y el afecto del público. En el resto del mundo la gente es muy fría. En Suiza y en Luxemburgo ni siquiera hubo colas para entrar, no cantan, no se mueven, prefieren el silencio, no aplauden», sentencia uno de los 60 fans que siguen a Queen en sus viajes por el planeta. «Aunque en realidad, a todos los recitales vamos no más de 25», finaliza.
Si de Queen se trata, José Lataliste, de Fénix, cuenta una anécdota: «En el último show de Queen, los integrantes cerraron el recital vestidos con las camisetas de la Selección argentina que les había regalado un grupo de fans porteños. A mi lado, en la primera fila, había dos brasileños, uno de ellos me miró y dijo: «Ahora sí la de ustedes es la selección más linda»...


Dejá tu comentario