Antes que director de cine o productor, Tim Burton es un creador de mundos. Casi siempre partiendo de cuentos o novelas como “Charlie y la fábrica de chocolate”, “Alicia en el país de las maravillas”, “Sweeney Todd”, “El cadáver de la novia”, “El gran pez” o sus versiones de “Batman”, Burton vuelve a entregar una fantasía visual con “Merlina”, la nueva serie que estrenó Netflix el miércoles 23.
Tim Burton hizo pie en el streaming con la “Merlina”, de los Addams
El pasado miércoles estrenó Netflix la miniserie en 8 capítulos, en la que el creador de “El gran pez” vuelve a sorprender con su mundo visual.
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Merlina. Jenna Ortega es la menor de los Addams en la versión Burton.
A lo largo de ocho capítulos Burton despliega un estilo personal y al que tiene acostumbrado a su público: el gótico, con la calidad cinematográfica que exigen las plataformas. Como el resto de los directores que, uno a uno, sucumbieron a los encantos del streaming, Burton se convirtió en socio de todo el proceso de esta serie.
Merlina (Wednesday, en el original), es la hija menor de “Los locos Addams”, la familia que comenzó su recorrido en la antigua serie de televisión surgida de los dibujos de Charles Addams para The New Yorker en 1938. Más tarde llegaron versiones más o menos buenas, en cine y teatro, pero lo que se mantiene intacto es el encanto de sus personajes, Homero, Morticia, Pericles y los secundarios Largo o el Tío Cosa, entre otros.
“Merlina” es como una película de Burton de ocho horas. Su lenguaje visual aparece sin fisuras durante esta primera temporada (prometen una segunda) pese a que no todos los capítulos están dirigidos por él. Sin embargo, resulta evidente (y lo han admitido) que los otros directores siguieron a rajatabla los encuadres, la preparación de cada toma, los objetivos, la iluminación y la marcación para las interpretaciones. El sello Burton se ve especialmente en el aspecto de su protagonista, encarnado por Jenna Ortega, así como el paisaje y todo el universo que orbita alrededor de los Addams.
La serie imagina una Merlina adolescente en un instituto secundario, en busca de amigos que puedan llegar a comprenderla. Con el objetivo de escaparle a la remake, los showrounners ahondaron en su camino hacia la madurez en la exploración de este personaje a los 16 años que pintan como fuerte, independiente, idealista, inteligente y alegre. A la vez es una criatura ambigua y compleja, que dice lo que piensa sin temor aunque tambalea a nivel emocional.
El sello Netflix se advierte en el entorno que enmarca a la protagonista, la Academy Nevermore, y resuena a “The Umbrella Academy”, “Sex Education” o “Thirteen Reasons Why” entre tantas otras que retratan vidas de adolescentes en institutos. Pero como se ha señalado, esta serie destila el pulso de Burton y nunca se ha visto un internado como este, visualmente fascinante y plagado de personajes extravagantes, como salidos de Los locos Addams: vampiros, hombres lobo, sirenas, etc, son algunos de los seres en esta escuela, la más grande y antigua de marginados del mundo que se enfrentan con los “normales”.
Se extraña la simbiosis familiar de los Addams, acaso lo más divertido de la original, pero no faltan los momentos destacados de Homero, encarnado por Luis Guzmán; Morticia, con una impar Catherine Zeta Jones y Pericles, por Isaac Ordoñez, entre otros.
A destacar, el diseño de vestuario de la ganadora del Oscar Colleen Atwood, histórica colaboradora de Burton con una colección de vestidos para Merlina, uno más asombroso que el otro. Todos los elementos que conforman su imagen están minuciosamente meditados, por caso, los zapatos son alucinantes.
Párrafo aparte para el Tío Cosa, que en la serie es enviado por Homero a Nevermore con el fin de que espíe a Merlina. Esta vez no es un secundario que aporta sólo a nivel del gag sino que se convierte en todo un personaje que oficia de mano derecha de la protagonista. Su imagen no es como se la recuerda, con esas mechas largas tapando su rostro, sino que se lo caracterizó como un Frankenstein. Se lo ve cosido, lo que genera toda clase de interrogantes, comenzando por su origen y, sobre todo, dónde ha quedado el Tío Cosa que el público de varias generaciones había conocido.




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