14 de octubre 2003 - 00:00
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La señal formal de largada la dio la semana pasada el presidente Néstor Kirchner, al designar a la comisión técnica encargada de elaborar el proyecto oficial, que integran el ex secretario de Hacienda duhaldista, Jorge Sarghini; el ex secretario de Provincias de Domingo Cavallo Juan Carlos Pezoa; y el actual secretario de Energía, Daniel Cameron, dejando afuera del sensible asunto al ministro de Economía, Roberto Lavagna.
Equilibrio
Los técnicos deberán hacer equilibrio entre las provincias grandes (Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza), las chicas que menos recursos reciben (del Noroeste y el Litoral), las más favorecidas en términos de transferencias por habitante (Santa Cruz y Tierra del Fuego), y otras administraciones que cubren mejor sus necesidades fiscales pero que, por ello mismo, exigen recompensas.
Detrás está el viejo debate entre el criterio devolutivo, que recomienda enviar más fondos a quienes más contribuyen con el producto nacional, y el distributivo, que prioriza la asistencia a las economías más postergadas.
Sea como fuere, tal como van las elecciones en las provincias, el gobierno nacional cuenta ya con sintonía favorable en 12 de las 24 provincias donde se impusieron candidatos con el sello K. Sin embargo, esas realidades serán difíciles de coordinar: van desde Catamarca, donde gobernará el radical Eduardo Brizuela del Moral, pasando por Misiones, donde fue reelecto Carlos Rovira por fuera del PJ, hasta Buenos Aires, Santa Fe y Salta, con los peronistas Felipe Solá, Jorge Obeid y Juan Carlos Romero.
«No sé si Buenos Aires va a avanzar todo lo que pretende», señaló, por lo pronto, la fuente de Interior, en alusión a la idea de Solá de recuperar los fondos específicos para el conurbano bonaerense que engrosarían fuertemente las remesas nacionales a La Plata.
Descentralización
Hace diez días, antes de reu-nirse con Kirchner en la Casa Rosada, el gobernador jujeño, Eduardo Fellner, adelantó que los mandatarios justicialistas pedirán una mayor descentralización en el cobro de impuestos y una simplificación del esquema, que se lograría reduciendo «a dos o tres» las tasas coparticipables.
También habló de premiar a los distritos que mejor recauden sus propios impuestos y castigar a los que no hagan más eficiente su recaudación, uno de los ítem sobre los que hizo hincapié el FMI cuando firmó el compromiso de superávit primario de 3 por ciento del PBI, que se reparte en 2,4 puntos de la Nación y 0,6 de las provincias.
A fuerza de mantener congelados o con subas marginales los salarios nominales de sus empleados públicos, las provincias parecen encaminadas a cerrar esa brecha fiscal: según datos del Centro de Estudios Bonaerense (CEB), los ingresos totales del consolidado provincial crecieron en 2002 8 por ciento contra 2001, y los gastos se comprimieron 7 por ciento.
Así, los gobiernos locales redujeron su déficit total en 74 por ciento en el año, luego de haberlo visto incrementarse 98 por ciento entre 2000 y 2001.




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