3 de mayo 2004 - 00:00

Kirchner: "Esto no es Santiago"

En pleno enfrentamiento de la sociedad sanluiseña, con dos intendencias capitalinas paralelas y un paro docente que ya derivó en incidentes, heridos y detenciones, el gobernador intenta por estos días un acercamiento con la Nación, un trabajo que lo tuvo de visita en la Casa Rosada la semana pasada.De hecho, el principal trofeo que obtuvo el mandatario de esa gira -amén de que la Nación pagará sus deudas con San Luis- fue la designación del ministro de Educación, Daniel Filmus, como mediador en el conflicto docente de la provincia. Filmus es el funcionario que, lógicamente, más resortes mueve en el gremio de los maestros.
De todas formas, el ministro
Filmus anunció este sábado que suspenderá toda mediación si sigue el clima de violencia que reina en la provincia (ver aparte).
Administrador de una provincia de pequeñas dimensiones aunque con muy buenos números en la economía, y portador de un apellido que figuró entre los competidores de
Néstor Kirchner en las presidenciales, Saá teme que, como hacen los leones al atacar la presa más débil de una manada, el patagónico sacie su vocación hegemónica en San Luis primero para después ir creciendo en gloria y hazañas.
Una alta fuente del gobierno nacional dijo ayer a este diario que
«no se puede intervenir todas las provincias en crisis», asegurando así que no quiere Buenos Aires remover a Saá y poner un administrador reemplazante en el distrito.
Durante el fin de semana, en consonancia, el jefe de Gabinete,
Alberto Fernández, negó que la Nación fuera a intervenir San Luis, aunque el ministro Filmus anunciara la suspensión de la mediación ante el clima de violencia.
Lo cierto es que la situación en San Luis es seguida muy de cerca por el resto de los gobernadores, sobre todo los más enfrentados con Kirchner: el neuquino
Jorge Sobisch y el cordobés José Manuel de la Sota.
Ambos mandatarios pusieron el grito en el cielo días atrás cuando el ministro de Justicia,
Gustavo Béliz, citó entre los puntos de su plan nacional de seguridad la posibilidad de que sea atributo del poder central intervenir las policías provinciales. Estas fuerzas son, en cualquier caso, la expresión última de todo poder constituido en una provincia.
«Vuelve a ponerse en juego el eterno arquetipo argentino: unitarios contra federales. Sólo que en este gobierno predomina, desde su ideología, una pulsión centralizadora más fuerte que en cualquier otra presidencia», reconocía este fin de semana un gobernador preocupado por la cuestión.
Según leen en el interior, a diferencia de los
años ’0, donde se descentralizaron muchas funciones del Estado y se
privatizaron sus propiedades, en el comienzo de este siglo, el eje que predomina en todas las acciones de gobierno es
centralizar.
A la luz de esta teoría, sobran ejemplos:
c
Otra vez el plan nacional de seguridad. En este caso, la intención de Béliz de unificar los códigos procesales penales de las provincias a lo que sucedió una rotunda oposición que ofreció a cambio regionalizarlos.
c En otra área, el
Consejo Federal de Educación pugna por unificar criterios en todo el país.
c No queda afuera la cuestión del
proyecto de nuevo sistema de coparticipación de impuestos que Córdoba, Santa Fe, Neuquén y hasta la misma Buenos Aires, rechazan por concentrar en la Casa Rosada atributos que son una línea directa de Kirchner con los grandes conglomerados urbanos.
Este fin de semana, en ese sentido, volvieron a realizarse advertencias cifradas para la administración central respecto de sus jugadas políticas fuera de sus ámbitos naturales.
El encargado fue el gobernador de Santa Fe,
Jorge Obeid, quien en la inauguración de las sesiones ordinarias de la Legislatura local, y acompañado por el vicepresidente Daniel Scioli, dejó en claro que el peronismo de la provincia rechaza la transversalidad que Kirchner hilvana con el socialista rosarino Hermes Binner.
Volviendo a los Saá, tanto de un lado como del otro de la avenida General Paz saben que la cuestión hace a la esencia de la construcción de poder en la Argentina.
Juan Manuel de Rosas, según Domingo Faustino Sarmiento, se lamentó mil veces de no haber matado al general José María Paz cuando, después de que lo balearan en el campo de batalla, lo tuviera prisionero durante años. No era otro el general que ahora, hacia el final de la hegemonía de Rosas sobre el Río de la Plata, se sublevaba en Corrientes preparando un camino que luego cosecharía definitivamente Justo José de Urquiza.

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