11 de marzo 2003 - 00:00

Los ferrocarriles se ganaron un museo propio en Campana

De aquel ferrocarril quedaron dos estaciones, la vieja y la nueva, y sobre el paseo costanero el museo ferroviario. «Fue un suizo que tenía una naviera, Guillermo Matti, quien más bregó por conseguir el tendido de los rieles», contó Mercedes Abbondanza, encargada del museo.«El poco dragado del río impedía que su mercadería llegara allí por barco, pero sí le servía para llevarla hasta Rosario», dijo Mercedes explicando el interés del suizo por los trenes.
Este museo exhibe una gran colección de boletos, una máquina timbradora y uniformes, y también los faroles que iban en el vagón de cola,
aquellos que los guardas agitaban lentamente cuando el convoy se ponía en marcha.
Además pueden observarse tres tipos de señales que la moderna tecnología desechó. La
Cruz de San Andrés, que se colocaba en los pasos sin barreras; la Cola de Pescado, que se instalaba en los pasos con barreras, y la Señal de Desvío que se usaba en las playas de maniobras. También hay una colección de teléfonos que funcionaban unidos a un cableado telegráfico por un sistema de conmutador.
Pero sin duda la joya de esta colección es un
teléfono inglés del siglo XIX que había llevado a Campana un empresario británico.
Entre las curiosidades expuestas se destacan un viejo mimeógrafo, una zorra, piezas de la vajilla que se usaba en los coches comedor y varios «Block Harper», un sistema de bloqueo que servía para dar vía libre o evitar la circulación de los trenes.
Y en el casco histórico de la ciudad, junto a la estación vieja, que fue el nudo ferroportuario que impulsó el suizo Matti, tal vez muy pronto, en alguna vía muerta, se puedan ver las locomotoras a vapor que los trabajadores llamaban «vaporeras».

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