12 de abril 2010 - 20:56
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El principal acusado por la muerte de la joven catamarqueña se retira del juzgado correccional tras firmar ayer su libertad condicional.
La muerte de María Soledad Morales repercutió en todos los ámbitos de la sociedad catamarqueña y nacional, e incluso significó el fin de la «dinastía» Saadi, que gobernaba la provincia desde hacía varios años.
La adolescente desapareció el 8 de setiembre de 1990 después de haber participado de una fiesta para recaudar fondos para el viaje de fin de curso de sus compañeras de colegio.
Tras el crimen, la familia Morales, junto con la monja Martha Pelloni y un nutrido grupo de vecinos, realizó las llamadas marchas del silencio, en reclamo de Justicia.
A raíz del caso, el entonces presidente Carlos Menem resolvió intervenir la provincia gobernada en su momento por Ramón Saadi, y también el padre del principal acusado, el diputado nacional Ángel Luque fue echado del Congreso por sus pares a raíz de las declaraciones que realizaba sobre el hecho ante la prensa.
La joven concurría a 5º año del Colegio del Carmen, y dos días después fue encontrada sin vida en la zona conocida como Parque Daza, a unos siete kilómetros de la capital catamarqueña, con el rostro destrozado y signos de violación.
Junto a Luque estuvo detenido Luis Tula, hoy abogado y en libertad después de cumplir nueve años de prisión, acusado de haber «entregado» a la adolescente.
En febrero de 1998, y luego de un primer juicio frustrado por falencias de los miembros del Tribunal, Luque fue condenado a 21 años de prisión por el delito de violación seguida de muerte agravada por el uso de estupefacientes, ya que Soledad habría sido forzada a consumir drogas para facilitar la agresión.
En ese juicio, Tula fue considerado como partícipe secundario por el delito de violación calificada, y condenado a 9 años de cárcel.




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