6 de marzo 2003 - 00:00

Para saborear Salta

Hay una serie de platos típicos que el viajero no debe dejar de probar, para poder decir que mínimamente incursionó en la materia. En ese lote de comidas norteñas -algunas de las cuales ya fueron desmenuzadas por Sabores Regionales- se encuentran, entre otras opciones:
 Las empanadas salteñas, en general sin aceitunas ni sabor dulzón, con pedacitos de papa y bien jugosas. Parte de su particular encanto radica en el uso de la grasa pella para rehogar la cebolla, que es grasa de vaca que, en ge-
neral, se extrae del matambre. Infaltable: el condimento con comino, pimienta y pimentón, típicos de la zona. El turista puede todo el año hallar puestos de venta de la delicia regional con mucha facilidad.
 El locro, un intenso y abrasador guiso alimentado con maíz, porotos, zapallo, carne y tripa gorda de vaca y huesitos de cerdo. También suele llevarse un generoso aporte de los condimentos locales, además de un toque de grasa pella derretida. Además está el guaschalocro, que no lleva ni maíz ni poroto.
 Las humitas, paquetes de jugosos granos de choclo envueltos en sus chalas. Las hay para todos los gustos, incluso dulces y saladas.
 Los tamales salteños, bocados envueltos en chala de choclo que contienen carne picada, verdura y huevos.
 Los rosquetes, que son ruedas dulces, bañadas en merengue, que pueden encontrarse en la mayor parte de los puestos de venta de comida regional.
 Más opciones
También se ganaron un lugar, entre otros platos, la carbonada (guisado de verduras y granos locales condimentados con pimentón dulce) y el frangollo (una espesa sopa de maíz triturado, zapallo amarillo, carne, pimentón y cebolla).
Claro está,
lo ideal es acompañar la mayor parte de estas opciones regionales con alguno de los ricos vinos que ofrece la región.

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