11 de marzo 2003 - 00:00
Perpetua a ex policía por el triple crimen
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Velaztiqui habló en el tramo final de la audiencia oral y pública, ocasión en que pidió perdón a Dios, a su mujer, a sus hijos, a sus nietos, hermanos y a la Policía Federal.
Tras esas palabras, Silvia Irigaray, madre de Maximiliano Tasca, dijo a los gritos: «Ni Dios, ni la patria, ni la p... que te parió, te van a perdonar».
Velaztiqui, de 63 años, llegó a esta etapa final del juicio con un pedido de reclusión perpetua por parte de la fiscalía y las querellas y el reclamo de su absolución planteado por su defensa. El juicio abarcó seis jornadas en las que declararon testigos clave del crimen como la encargada del minishop donde se cometió el hecho, Sandra Bravo, y el único sobreviviente de los cuatro amigos, Enrique Díaz.
También fueron de relevancia los testimonios prestados por los dos policías a cargo de la investigación, el subcomisario Miguel Angel García y el subinspector Diego Almada, y un médico que atendió a Matasa horas previas a su muerte. El triple crimen ocurrió el 29 de diciembre de 2001 en una estación de servicio ubicada en Bahía Blanca y la avenida Gaona, del barrio de Floresta.
Allí, cuatro amigos miraban televisión, que mostraba imágenes en las cuales varios manifestantes golpeaban a un policía en Plaza de Mayo, tras un cacerolazo en las horas previas a la renuncia del entonces presidente Adolfo Rodríguez Saá. En esas circunstancias, según distintos testigos, Tasca, de 23 años, comentó: «Está bien; eso es por lo que hicieron ustedes la semana pasada».
Al escuchar esta frase, Velaztiqui reaccionó y dijo: «Hasta acá; basta», extrajo su arma y tiró contra los muchachos.
Cristian Gómez, de 25 años, y Maximiliano Tasca murieron en el lugar, mientras que Adrián Matassa, de 23, falleció a las 9.15 en el Hospital Alvarez y el único que pudo escapar corriendo fue Enrique Díaz.
La movilización se realizó nueve días después del cacerolazo que precipitó la caída del radical Fernando de la Rúa, quien renunció en medio de una rebelión popular por la crisis económica y una ola de saqueos, con un balance de 30 muertos. Rodríguez Saá, hasta ese entonces gobernador de San Luis, fue elegido el 24 de diciembre por el Parlamento para cubrir el vacío de poder, pero al día siguiente de la «masacre de Floresta» también presentó la renuncia y el Congreso nombró presidente el 1 de enero al senador Eduardo Duhalde.
Los informes de peritos y testigos coincidieron en que Velaztiqui actuó en «estado de conciencia plena», pese a los argumentos de la defensa, y antes del fallo rompió su silencio para pedir perdón a Dios, a los familiares y a la Policía por los crímenes.



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