24 de abril 2008 - 00:00

"Rezo por Lugo"

«El presidente electo del Paraguay traerá una política más sana, en un país sumido en una realidad de deterioro, pobreza, marginación, corrupción, injusticia e impunidad», dijo el obispo emérito Joaquín Piña.
El sacerdote misionero consideró que su par, el ex obispo Lugo, se metió en un terreno complicado como es la política, «pero precisamente pretendo que se puede hacer política de otra manera, porque no necesariamente la política tiene que ser sucia».
«Creo que Lugo puede representar ese cambio que hace falta en el Paraguay y estoy rezando para que le vaya bien, porque si no le va bien va a ser una frustración muy grande», precisó.

 Coincidencias

Piña y el electo presidente paraguayo tienen algunos puntos de coincidencia: los dos son ex obispos, pero también ambos supieron luchar desde sus trincheras contra el coloradismo. Lugo lo hizo en la arena política logrando una victoria histórica al derrocar al oficialismo colorado después de 61 años; y Piña, predicando y protegiendo a las víctimas del sistema impuesto por el dictador Alfredo Stroessner. «Era el típico régimen dictatorial, vivíamos en un régimen de terror; en la parroquia Santa Rosa de las Misiones, llegué a tener más presos políticos que en la Capital Federal», recordó.
«Eran más de 70 familias que venían a la iglesia, porque no podían tener una reunión y estaban todos vigilados, amenazados, porque el régimen controlaba todo y el que no estaba totalmente de acuerdo era el enemigo a perseguir y a destruir».
Apenas llegado de España en 1955, los primeros destinos que tuvo Piña en Sudamérica fueron las humildes iglesias del Paraguay y debió alternar durante 30 años en su función sacerdotal en la Argentina. «Estuve siempre bajo el régimen de Stroessner y por eso sé mucho de dictadura», insistió.
Aclaró que a Lugo «no lo he tratado nunca, sí lo saludé alguna vez, pero por toda la referencia que tengo de él, creo que es una persona íntegra, capaz y que va a tener el respaldo de mucha gente». En ese contexto, consideró que el Paraguay estaba esperando el cambio, «tanto quienes lo votaron como quienes no lo votaron porque pertenecían al coloradismo y debían preservar su fuente de trabajo».
Sobre las ventajas que tuvo Lugo, el haber sido obispo en un país con mucha devoción, reconoce que eso ayudó y hay que ubicarlo en ese contexto, «pero también hubo mucho apoyo, no sólo del campesinado, sino en la misma capital. La gente pensante torció y derrocó al coloradismo».

 Roles

Respecto del rol específico de la Iglesia, observó: «La gente ve a la Iglesia como algo monolítico y, en realidad, en la Iglesia también hay libertad de pensamiento y dentro de la Iglesia hay corrientes más tradicionalistas y otras de más apertura, especialmente en lo social, y creo que Lugo está dentro de esta última corriente».
Finalmente, reiteró su conocida posición de que «la Iglesia tiene que estar cerca del pueblo y de la gente, defender a los débiles y humildes y apoyar las causas justas y, a veces, enfrentar al poder como lo hizo Jesús en sus tiempos».

 Consejo

Por último, el obispo emérito, al hablar de la situación económica y social de la Argentina y el Paraguay, señaló la afinidad existente. «En ambos países, no hay un problema de pobreza, sino la falta de distribución de la riqueza».
Y metiéndose en la visita a Misiones de la presidente Cristina Kirchner prevista para hoy, recordó que la mejor manera de gobernar es con el ejemplo. «Quisiera decirle que debe ser más humilde y no tan confrontativa.»

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