22 de abril 2003 - 00:00
Siguiendo los pasos de los inmigrantes en el Nordeste
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El primer contingente, que llegó exactamente el 2 de julio de 1857, fue de suizos, italianos del Piamonte y franceses de Saboya.
Conmovedor
En el museo, lo que más conmueve son los retratos de familia, de rostros severos, miradas lejanas y ceños fruncidos. Más allá de que las poses concuerdan con la moda de los retratos de esos tiempos, de esas fotografías color sepia trasciende la nostalgia por la distancia y el desarraigo.
Otra de las opciones es seguir el legado de la colonización judía en los pueblos de Santa Fe y Entre Ríos. Se trata de un recorrido que hace eje en el pueblo santafesino de Moisés Ville -a 80 kilómetros de Rafaela-, que fue llamado en su momento de esplendor cultural «la Jerusalén argentina».
Allí pueden degustarse las delicias de la comida de Europa central y oriental como las famosas «hommentash» -en yiddish significan «orejas de Aman» o «pañuelos de Aman»- preparadas por una familia italiana que aprendió los secretos de la repostería judía.
El «crisol de razas» es también evidente en la localidad misionera de Oberá, donde todos los años se realiza la Fiesta Nacional del Inmigrante. Allí se dan cita, sobre todo, alemanes, polacos y ucranianos que trajeron la cultura de las frías regiones de Europa hasta el clima subtropical de la selva de Misiones.




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