12 de marzo 2003 - 00:00

Tortas fritas, un clásico que no pierde vigencia

Por otro lado, acertar en alguna innovación significaba algo similar a la gloria que adquirían los soldados del rey de España.En las tardes grises de los inviernos del Virreynato del Río de la Plata todo un ejército de señoras, palo de amasar en mano, se disponía a colocar sobre una tabla 1 ki-
lo de harina
bajo la forma de un volcán y su deseo de trascender a generaciones futuras.
Dentro de ese improvisado Etna de cocina tiraban
2 huevos y 1 taza de agua tibia con sal a gusto. Dicen que la cantidad de sal dependía de la situación económica por la que atravesaba la colonia y que en épocas de bonanza las tortas fritas solían ser un tanto más saladas.
Las cocineras coloniales mezclaban la masa hasta que el producto de sus arduas manos quedaba pastoso y conservando aún un borde de harina.
Luego agregaban
100 gramos de grasa derretida de vaca (a veces era la del asado mismo o del propio churrasco). Mezclaban bien y terminaban el proceso de amasado cuando todo quedaba parejo para lo cual agregaban más o menos agua según la necesidad y la inspiración.
Después las matronas cortaban el producto y lo esti-
raban con sus propias ma-
nos tras lo cual freían las tortas. Si entonces salían deliciosas, ¿por qué no intentarlo ahora?

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