19 de marzo 2003 - 00:00

Tours de bodegas ganan más adeptos

Argentinos, chilenos, europeos o norteamericanos se sienten atraídos por el aire de montaña y el clima desértico donde crece la uva, y no pueden dejar de recorrer las bodegas de Mendoza, San Juan y La Rioja, en Cuyo, o de los norteños Valles Calchaquíes, con Cafayate a la cabeza. Hasta hace poco tiempo, el turista descubría por casualidad en su viaje por ruta alguna bodega, y deslumbrado por el verde de los viñedos en forma de espaldar o parral se acercaba al lugar para conocer más sobre la técnica del vino.
 Visita
Por ese afán de los neófitos de conocer el sabor de un chardonnay, un malbec o un cabernet sauvignon es que
algunos empresarios vitivinícolas locales descubrieron la veta para explotar turísticamente sus fincas, y comenzaron a ofrecer visitas gratuitas a las bodegas.
De la mano de
la profesionalización de los tours bodegueros, las firmas ya están en su mayoría equipadas con salas de «wine tasting» (degustación de vinos) y tiendas que venden elementos que hacen a la cultura del vino, como afiches, postales, remeras, agenda de degustaciones, libros y, por supuesto, vinos, con precios para todos los bolsillos. Los visitantes jamás salen con sus manos vacías, sino ocupándolas con desde botellitas de muestra hasta cajas y costosas botellas de especiales contenidos. «La idea es educar al consumidor y no sólo al turista», destacan los enólogos abocados a la tarea de promocionar sus vinos.
Básicamente, las visitas a bodegas duran una hora y media, con recorridos por viñedos (en caso de que estén en la zona), luego por la sección de procesamiento de la uva, para finalizar con una degustación (a veces con la posibilidad de un almuerzo o cena), para que el turista tome contacto con uno de los mejores vinos del mundo.

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