11 de abril 2003 - 00:00
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Esta dupla se encaminaba en los papeles a un triunfo bastante cómodo. Las encuestas la ubicaban al menos diez puntos arriba en intensión de voto del FR. Sin embargo, la postulación de Jerez hizo sonar la alarma en el bunker mirandista, y no sólo por motivos políticos.
Desde la Fiscalía anticorrupción que ayer abandonó definitivamente, Jerez es el responsable de numerosas investigaciones contra la administración de Miranda y sus secuaces. Las más resonantes versan sobre supuestos sobornos del Poder Ejecutivo al Legislativo para la aprobación de una reforma de la Constitución provincial que habilitaba la reelección del gobernador; impresión de bonos Bocade mellizos y presunta malversación de fondos sociales.
De más está decir que la llegada de Jerez al Ejecutivo significaría graves problemas judiciales para el actual oficialismo. De hecho, el fiscal reconoció ante Ambito Nacional que se pasa a la política para radicalizar su postura denuncista: «En la Justicia empezaron a frenarme las investigaciones y a cuestionar mi actuación. Distinto será el panorama para los jueces locales si llego al Poder Ejecutivo», atacó Jerez. Además, si bien él no lo reconoce, en su entorno están convencidos que cualquiera sea su reemplazante en la Fiscalía Anticorrupción -fue nombrado Pedro Gallo-, tendrá la misión de hacer entrar en vía muerta las investigaciones más importantes.
En la faz política, la reacción no se hizo esperar. Juri intentó calmar las aguas diciendo que la elección se definirá entre el PJ y FR; y Bussi dijo durante su asunción que quiere a Jerez como jefe de fiscales en caso de llegar el gobierno. «Son todas chicanas para confundir a la opinión pública. Quieren decir que como soy del mundo de la Justicia no puedo entrar a la política», se defendió Jerez.
Esta tercera fuerza que será liderará en las listas por el ahora ex fiscal -quien aceptó el convite bajo la condición de elegir él a su compañero de fórmula y de que no se sume al movimiento nadie que haya sido investigado desde la Fiscalía- reúne a partidos de muy diversa extracción, pero el verdadero plus que tienen es la vitalidad que hoy poseen las organizaciones civiles tucumanas, que se erigieron como una suerte de garantes de la lucha anticorrupción.




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