Enero no fue un mes cualquiera para el sector automotor. Los datos difundidos por ACARA el viernes pasado muestran una imagen de la realidad del mercado hoy pero, para muchos, es el primer fotograma de una película. Se dieron un par de hechos inéditos o, al menos, que requieren remontarse a décadas atrás, cuando esta industria era completamente distinta, para encontrar datos similares. Por ejemplo, que los primeros cinco modelos vendidos fueran de origen nacional, cuando lo habitual era que los brasileños lideraran el ranking, o que sólo el 53% de las unidades patentadas correspondieran a vehículos del exterior, cuando hace un par de años esa penetración superaba el 70%. Un cambio drástico del escenario que surge del duro (cada vez más) cepo importador que impone el Gobierno. Pero hay otro dato no conocido que deja el primer mes de 2021, uno que muestra lo que se puede esperar para el resto del año.
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Enero fue el mes que menos autos se liberaron de la Aduana desde los años de la crisis de 2002. Es decir, el enero que menos autos se importaron oficialmente. Una cosa es que llegue un vehículo hasta el puerto y otra que se permita nacionalizar. Sólo ahí se puede hablar de importación. Ese 53% de penetración corresponde a operaciones que ya habían sido autorizadas, algunas en enero, otras en diciembre y también muchas que estaban en stock ya dentro del país. Lo que se importó en el mes que acaba de terminar, es lo que va a poder patentarse en estos días de febrero. El número en cuestión es impactante. Según consta en los registros del sistema de estadísticas, en enero se permitió la importación de sólo 8.403 vehículos, en todo concepto. El 97% fue a través de las terminales radicadas y el resto por distribuidores. Esto es lo que va a estar disponible para vender (mucho ya está vendido) o patentar en los próximos días. En enero se patentaron algo más de 49.000 unidades, de las cuales 53% fueron importadas, unas 26.000. Eso se alcanzó porque en diciembre se permitió la nacionalización de 23.291 0 km que, sumados a algo de stock, permitieron esa cifra. Los meses anteriores, las importaciones rondaban entre 18.000 y 23.000 vehículos. Febrero es un mes que podría tener un mercado de alrededor de 30.000 autos. Pero sólo hay disponibles esos 8.403 importados. A esto hay que sumarle el stock que hay en las redes. Se calcula que hay unos 65.000 autos (incluye los nacionales) pero muchos no tienen demanda o los “dealers” no quieren desprenderse por no saber si lo podrán reponer. Es su capital de trabajo. Para llegar a ese volumen se va a requerir mayor participación de los “made in Argentina”. Es por eso que este mes podría darse un hecho impensado hasta hace poco: que el mercado cierre con mayoría de vehículos nacionales patentados. Otro dato que se remonta a 20 años atrás o más. El Gobierno quiere llevar la participación de los 0 km importados al nivel de 45% para todo el año. Es un objetivo ambicioso porque obligará a un crecimiento de los vehículos fabricados en el país muy importante. Esto se choca con dos realidades. Por un lado, los problemas para producir por falta de piezas importadas a raíz de los problemas logísticos que genera la pandemia. Varias terminales están con suspensiones frecuentes de turnos ante la demora de algún barco con autopartes. El otro punto es la migración de los consumidores de una amplia oferta de importados, como se registró en los últimos tiempos, a vehículos de producción nacional que, con demanda real, son poco más de diez y gran parte pickup. Pero el Gobierno está decidido a lograr su meta por lo que será más dura la entrega de dólares.
Esto se produce en medio de las reuniones que el Gobierno está teniendo con los importadores (con los fabricantes ya concluyeron). Es más, algunos tratan de ver con optimismo la situación y aducen estas escasas 8.403 unidades liberadas a que se está negociando el volumen anual. Se ilusionan con eso. Por lo menos, durante la primera quincena de febrero van a continuar por lo que los dos primeros meses ya no se liberarán más autos. Las empresas están a la expectativa para ver cuál es la cantidad de unidades que les autorizan. Es una “tensa calma”. Pero algunas empresas ya tienen un Plan B en caso de recibir (como parece que va a ser) menos autos de los que necesitan. La estrategia es ir a la Justicia por el cepo importador. Se basan en lo que está pasando en otros sectores y con éxito. Plantearán que se están trabando las operaciones de comercio exterior de manera arbitraria y que las operaciones que realizaron están dentro de las reglas. El que está fuera de lo normativo es el Gobierno ya que la OMC no autoriza cupos de este tipo por lo que la medida oficial es “de hecho”. Es por eso que el Gobierno no habla nunca de cupos. “Si quieren restringir el comercio que lo hagan oficialmente y enfrenten las consecuencias internacionales” advierte un empresario bastante cansado del incumplimiento de las reglas. Esto supone un clima muy caliente cuando se informe a las empresas cuánto podrán importar. En algunos casos, aseguran, está en juego la supervivencia de más de un importador. Todos este parche sobre parche hace que se vivan situación curiosas. Hay muchos autos en los depósitos aduaneros que ya fueron pagados (es decir, los dólares del Banco Central ya salieron) y que no son autorizados a ingresar, lo que hace que el Estado se pierda la recaudación arancelaria y todos los impuestos (que son muchísimos) de la cadena comercial, con la necesidad de dinero que tienen las arcas públicas. Casi un paso de vodevil.




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