14 de abril 2020 - 00:00

A rodar

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Hablar con distintas fuentes del sector automotor es hoy un muestrario de pesares. Todos lamentos. Es lógico: cada día que pasa el derrumbe es más marcado. La incertidumbre que genera no saber hasta cuándo durará la cuarentena, cómo será el regreso a la actividad y el impacto real en la economía del aislamientos social son demasiadas variables para saber a ciencia cierta qué quedará después de semejante hecatombe sanitaria. Por caso, la medida que flexibiliza la apertura de los talleres. Un empresario del sector fue cauteloso ante los beneficios de este hecho y enumeró una serie de puntos a tener en cuenta. El costo de reabrir esos establecimientos cuando el público que podrá concurrir está limitado a las restricciones de movilidad conocida puede ser más grande que tenerlo cerrado. Salvo en los casos de alguna multimarca que cuente con talleres independientes y pueda concentrar en uno la atención de todas, la ecuación no parece atractiva. Es una buena señal pero, por el momento, no es suficiente. La confirmación de la cuarentena hasta el 26 de abril tiene más peso que una liberación tan limitada de una rama del negocio,

El discurso de Alberto Fernández del viernes por la noche dio por tierra cualquier ilusión que algunos albergaban de una flexibilización mayor como se suponía los días previos. Tanto es así que ACARA envió una circular interna a sus asociados con un mensaje esperanzador. “Tenemos información disponible que nuestros concesionarios abrirán el 13 de abril” decía el texto. Eso no ocurrió. A los empresarios que leyeron ese mensaje no les debe conformar con esta apertura limitada de los talleres para reparar la correa o los frenos de una ambulancia. Pensaban en poder volver a vender. De todas formas, ya deben estar acostumbrados, últimamente, a estos pifies de la entidad. El año pasado hizo lo mismo cuando aseguró que las bonificaciones del gobierno iban a seguir en septiembre, cosa que estaba claro no sería así.

Donde cayó como una bomba la extensión de la cuarentena fue entre los autopartistas que, horas después del discurso presidencial, enviaron cartas a los gremios para anunciar que no se podrán pagar los sueldos de abril y que sólo se ofrecerá un pago no remunerativo equivalente al 50% del salario del bolsillo. El clima en estas empresas es durísimo. El jueves, por ejemplo, en una teleconferencia realizada por AFAC, en la que participaron 93 asociados, uno de ellos estalló en una crisis de nervios y se desahogó ante los presentes en forma virtual. “Si el gremio quiere, que me tomen la fábrica y la prendan fuego. No soporto está situación más. No puedo pagar los sueldos” dijo con la voz quebrada. La cuarentena se está llevando la salud de muchos. Otro autopasrtista, después de esa “call”, comentó la gran cantidad de empresarios que tuvieron que endeudarse para pagar los sueldos de marzo lo que coloca en situación crítica a muchas industrias. Los rumores de cierres en el sector son alarmantes y, cuanto más dure la cuarentena, peor va a ser.

En las concesionarias, la situación se repite. Son varios los locales que no volverán a abrir después de este desastre sanitario. Muchas firmas están levantando bocas de ventas para concentrar todo es las casas centrales. Se viene – cuando todo esto termine –una ola de cambios de manos sin precedentes. Hay muchos empresarios con voluntad de salir del negocio. En realidad, este panorama venía de antes del coronavirus y ahora se acentuó. Las malas perspectivas económicas, una línea política que desalienta los negocios y un contexto social que no deja de agravarse eran ya suficientes motivos para repensar el futuro. La pandemia agravó la situación. Se va a tener que poner mucha plata para seguir en la actividad y no todos van a estar dispuestos a hacerlo. Más con las malas perspectivas que hay hoy. Especialmente, los empresarios con años en el negocio y una posición consolidada. Hay muchos dispuestos a salir de escena si tienen que alterar su solidez económica por mantener una actividad que casi ya manejan como un hobby. “Ninguno va a vender su casa en Punta del Este o su yate para sostener su concesionaria” comentó un experimentado operador del sector y citó el ejemplo de un empresario, de nombre fuerte en el rubro, que mudo de país en estos días y tiene en venta la concesionaria de una de las dos marcas que maneja. Es cierto que no es buen momento para conseguir comprador y que los precios se están desplomando pero siempre hay oportunistas que buscarán posicionarse para quedar fortalecido cuando (¿cuándo?) la situación mejore.

Lo que está claro es que nada va a ser como era antes. Esta crisis mundial va a cambiar todo el negocio automotor. También en la Argentina. Si bien esto ya se estaba evidenciando con las nuevas formas de comercialización, el coronavirus lo va a acelerar, sumado a las modificaciones de los hábitos sociales que surgirán de un aislamiento que será prolongado. Las estructuras se achicarán y muchos de los empleados que pierdan su trabajo en este sector deberán reinsertarse en otros porque ya no existirá el puesto que dejaron. Las concesionarias o locales que se cierren no volverán a abrir.

En las fábricas, tampoco será lo mismo. Hace dos años se estaba cerca de llegar, por primera vez, a un mercado de un millón de unidades y ahora se proyecta uno de 200.000. Un retroceso muy grande como para salir indemne. Lo mismo en materia de producción. Ni Brasil va a salvar esta vez a la Argentina. La situación fabril es frágil. Hay 90.000 autos en stock y van a tratar de venderlos, cuando se levante el aislamiento, como sea. Por eso, pensar en fabricar para el mercado interno no parece ser una alternativa viable. Las terminales locales, a diferencia del 2002, están solas. Las casas matrices no podrán rescatarlas porque antes deberán ver cómo solucionan sus problemas en sus propios mercados. La semana pasada, en una teleconferencia, el mensaje que les llegó a los directivos locales de sus jefes en la sede central (firma europea, para alentar más el morbo) fue lapidario: “no esperen ni un euro de ayuda”. A esto se suma que las importaciones estarán complicadas porque se necesitan dólares y el gobierno no lo podrá solucionar emitiéndolos, como sobrevive por estos días. No tiene la máquina para hacerlo. Así que, no habrá muchos compradores ni autos para vender. ¿Hay futuro con un escenario como este?

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