8 de febrero 2001 - 00:00

Denuncian nuevo brote de aftosa

La aftosa, una enfermedad que afecta a la ganadería pero no se transmite al ser humano, genera por estos días una novela de intrigas, rumores y desmentidas en la Argentina.

La enfermedad -su presencia o ausencia- enfrenta la versión de miles de productores dispersos por el país con la posición de funcionarios y dirigentes que representan a las entidades más grandes del campo.

La ganadería, que supo exportar el año pasado por u$s 600 millones en carne vacuna, podría entrar en jaque si se confirma la reaparición de la fiebre aftosa.

Esta situación genera las dos posiciones antagónicas: la negación rotunda de la existencia de la enfermedad que se plantea desde el Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (SENASA) -mensaje ratificado por la mayoría de las provincias- y la información que indica la existencia de focos de aftosa en campos ubicados en zonas no consideradas críticas -como el Litoral- con una acción de vacunación sigilosa por parte del organismo sanitario oficial. Algunos empresarios rurales avanzan sobre el tema y señalan que se aplica vacunación para combatir el mal, hecho también desmentido por el organismo oficial.

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Las decisiones sanitarias de Estados Unidos, el comprador «modelo» que delinea políticas comerciales, son seguidas por otros tantos países importadores. La aceptación de la presencia de fiebre aftosa en los rodeos argentinos perjudicaría las colocaciones de carne en el país del Norte, que años atrás supo utilizar la enfermedad como barrera paraarancelaria para impedir el ingreso de carne fresca argentina.

En realidad, la existencia de aftosa en la ganadería tiene un solo perjudicado: el productor, que ve menguar sus rendimientos por mortandad de terneros y pérdida de kilaje en los animales afectados (tanto carniceros como lecheros). En realidad, si existiera un foco de aftosa en el país no sería diferente de lo que ya padecieron o padecen en Paraguay, Uruguay y Brasil.

Algunos creen con exageración -fue utilizada políticamente por diversos gobiernos- que la aftosa, que durante largos años fue el emblema de lucha del campo argentino, plantearía hoy nuevas encrucijadas, según las opiniones que circulan ahora por los ámbitos ganaderos: la credibilidad de un país frente a sus compradores, la representatividad de las entidades que nuclean a los productores, la responsabilidad de la dirigencia y la acción de los hombres de campo que, muchas veces solos, salen a explicar situaciones inexplicables.

Durante los últimos días se reprodujeron por diversos medios opiniones de productores que admitían la existencia de fiebre aftosa en sus campos. Otros salían a ratificar la acción de vacunación desde los organismos sanitarios provinciales -que dependen del SENASA-, que conducen
Víctor Machinea y Eduardo Greco y, muchos se lanzaron a contar la evolución del mal que parecía definitivamente erradicado.

Lo cierto es que cada una de esas expresiones fue rechazada por los organismos oficiales -nacionales o provinciales- que coinciden en un «no hay aftosa en el país».

Los ribetes sin límites de esta historia se comprueban en que, por unas semanas, el problema de la aftosa se sufrió «sólo» en
Internet, donde en diversos foros de productores se leyeron centenares de mensajes con casos concretos de focos aftósicos en varias provincias. Pero el «imaginario popular» creció y esta misma semana se multiplicaron los llamados telefónicos, e-mails y mensajes que se reciben desde agosto en los medios de comunicación, por caso este diario.

Sin claridad

Un conocido empresario de la carne, que pidió mantener el anonimato «por miedo a la represalia», dijo ayer sin aclarar más que «el SENASA nunca fue claro en los mensajes», admitió «un pacto de silencio entre funcionarios, personas y entidades» y denunció que «existe un acuerdo entre la Argentina y Estados Unidos para realizar un esquema de vacunación que permitiría, en marzo, erradicar la enfermedad. El problema es que los ganaderos estadounidenses podrían protestar -con su fuerte poder de lobby-y EE.UU. necesitaría de la carne que la Argentina le puede proveer, para colocar en mercados más caros su propia producción», explicaba el empresario.

Algunos productores agregaban datos: «El esquema de vacunación plantea una dosis sin identificación, un refuerzo a los 7 días y un nuevo opera-tivo a los 21 días, con un plan que prevé distribuir 7 millones de dosis sólo en febrero. Pero los técnicos sanitaristas no dejan comprobante y no lo podemos demostrar...».

Con este marco de incertidumbre, la polémica está plan-teada. Algunos opinan que las pérdidas de rentabilidad por aftosa podrían ser más graves que la pérdida de mercados (
Estados Unidos, especial-mente, ya que Europa -con enfermedades más dramáticas- nunca trabó el ingreso de carne aftósica).

Otros indican que la aceptación de la existencia de vacunación retrasaría al país a un estado que abandonó hace varios años, cuando fue reconocido libre de aftosa. El tema no estaría cerrado porque todos los días surgen nuevas opiniones -algunas muy calificadas- que juzgan, critican, desmienten o apoyan la historia oficial:
«En la Argentina no hay aftosa».

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