Séte, pequeña ciudad francesa sobre el Mediterráneo, con el puerto lleno de veleros y fondas que ofrecen ostras y mariscos, también tiene sus monoblocs económicos, donde la gente come pizza y fideos. Ahí vive el chico apenas adolescente de esta historia, con sus hermanos: el mayor, trabajador y muy responsable; el segundo, que la va de lover con las turistas; y la oveja negra, que anda en el menudeo de la droga. Y
la madre viuda, que está en coma. Deben internarla, dice el tío, pero ellos se niegan. Seguirá en su casa hasta que Dios la llame.
Cuatro hermanos y una madre que agoniza, enun logrado film francés
Ambientada en un una ciudad sobre el Mediterráneo, la historia de Yohan Manca es realista y elude tanto el melodrama como el final feliz.
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Como el marido la había conquistado cantándole el brindis de “La Traviata”, el chico le hace escuchar a Pavarotti, a ver si ella reacciona. Por ahí, haciendo trabajo comunitario (alguna macana se habrá mandado) conoce a una profesora de canto. El modo en que él se integra a sus clases es medio discutible. Pero, fuera de eso, y de masacrar reiteradas veces “Una furtiva lacrima”, ni él ni la historia habrán de caer en el melodrama, ni en el final feliz del milagro o el éxito. Esta película tiene su parte tierna, su parte emotiva, algo de humor, pero es realista. Simplemente, una pintura sin estridencias de cuatro hermanos que están creciendo como mejor pueden.
Pequeño detalle: tanto el autor, Yohan Manca, como los intérpretes, Mael Rouin, Judith Chemia, Dali Benssalah, Sofian Khammes, Moncef Farfar, son todos hijos de inmigrantes magrebíes. El texto en que se inspiran es de Hédi Tillette de Clermont Tonnerre. La historia es universal.
2. “Mis hermanos y yo” (“Mes frères et moi”, Francia, 2021). Dir.: Y. Manca; Int.: M. Rouin, J. Chemia, D. Benssalah.




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