20 de marzo 2023 - 00:00

Debate opositor para actualizar estrategia de seguridad

La oposición organizó un debate en la sede de la Universidad de Belgrano (UB) para reflotar la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) elaborada sobre el final del gobierno de Cambiemos. La iniciativa proponía una política de Estado según la visión de aquel espacio. El jueves pasado, Fulvio Pompeo exsecretario nacional de Asuntos Estratégicos, convocó expositores de las fundaciones “pensantes” que nutren a JxC: Argentina Global con Paola Di Chiaro, exviceministra de Defensa; Franco Moccia, de Pensar; Agustín Campero de Fundación Alem (UCR); Carlos Fernández, (exdiputado UCR) del Centro de Estudios en Defensa y Seguridad (CEDySEG); Raúl Roza, dirigente de Encuentro Republicano Federal (referenciado en Miguel Pichetto); René Squetino, del Instituto Hannah Arendt; y Marcelo Rosas Garay, del Instituto de Estudios Estratégicos y de Seguridad (liderado por Patricia Bullrich).

El objetivo fue relanzar los contenidos de aquel momento, intentar; al menos en lo discursivo; una actualización y escucharse unos a otros en búsqueda de aunar criterios entre electrones que giran en órbitas paralelas. En su mensaje de apertura, Pompeo enfatizó que “es fundamental mirar al futuro y actualizar la propuesta de seguridad nacional” y completó, “es importante plantear estos debates ante la realidad que vivimos en una Argentina cada vez más vulnerable frente a los riesgos que afectan la prosperidad, el bienestar y la libertad”. No identificó los riesgos, uno interpretaría que la audiencia, mayoría de asistentes de la coalición opositora, ya los tiene analizados e identificados. Agregados militares extranjeros presentes, entre ellos de Australia, Brasil, Chile, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Federación Rusa, Panamá y la República Popular de China quedaron con ese interrogante, el momento buscado para anticipar comportamientos del país en asuntos globales.

Hubo panelistas de la academia, Jerónimo Morales Rins, profesor de la Universidad Austral; Juan Battaleme, director Académico del CARI; Máximo Pérez Barreto, contraalmirante retirado de la Armada Argentina, director de Asuntos Estratégicos de la Fundación Argentina Global y, una sorpresa del oficialismo, Lourdes Puente, directora de la Escuela de Política y Gobierno de la UCA; única voz cercana al FdT, fue titular de la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar durante la gestión de Cristina Kirchner.

Franco Moccia resaltó la necesidad de que el sector privado genere empleo y que el Estado recupere su rol, “pero esto es imposible sin seguridad nacional, tenemos que construir una plataforma de seguridad que nos permita combatir eficientemente el ciberdelito y el narcotráfico para poder progresar”. Agustín Campero, economista radical, definió que la Argentina tiene un problema de productividad que se traslada a todos los ámbitos y cuya consecuencia es la decadencia generalizada. Recalcó la importancia de dotar de recursos a las acciones que estén por venir: “El próximo gobierno tiene que pensar una nueva oleada de modernización tecnológica”.

El exdiputado Carlos Fernández, cuya última función legislativa fue en la Comisión de Defensa de la Cámara Baja, enunció ejes concretos; “interacción y cooperación entre las áreas de gobierno con mayor responsabilidad estratégica en la prevención y respuesta a los problemas de seguridad nacional –el Ministerio de Seguridad, el Ministerio de Defensa, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto y la Agencia Federal de Inteligencia–, así como también con otros organismos contribuyentes a esta política nacional”. También apuntó a la falta de coordinación entre organismos de inteligencia de las FF.AA. y de inter agencialidad en otros como la UIF y Aduana. Raúl Roza esbozó un diagnóstico sobre el estado del sistema de inteligencia argentino. “Está destruido”.

El dirigente metió baza política del espacio de Pichetto, se refirió al funcionamiento del Sistema Penitenciario Federal, “no existe la inteligencia penitenciaria. La famosa Área 50 fue desarticulada hace tres años. Finalizó el panel con Marcelo Rosas Garay, hizo un punteo de la importancia de la defensa nacional, la seguridad interior, la política exterior y la inteligencia, a los cuales calificó de “pilares” de la seguridad nacional. Una pregunta puso realidad a tanto ensayo estratégico; “quisiera saber si en el caso que sean gobierno se respetarán acuerdos y convenios precedentes, porque teníamos un contrato de vehículos blindados Norinco 8x8 en 2015 para el Ejército Argentino y después quedó sin efecto”, palabras más o menos fue el planteo del agregado militar de la República Popular de China. Instante propicio para definiciones estratégicas que se escurrió en dos explicaciones políticamente correctas.

La primera de Morales Rins, “los acuerdos hay que cumplirlos”, la segunda de Battaleme, panelista del CARI, sacó el lazo del cuello local y ejemplificó que “los acuerdos suelen romperse” citando el caso de Australia que dejó sin efecto en 2022 un contrato firmado en 2016 con Francia para la fabricación de 12 submarinos convencionales. No fue el mejor ejemplo si se pretendía suavizar el clima del auditorio. Australia rompió el acuerdo inmediatamente después de sellar una alianza de seguridad con Estados Unidos y el Reino Unido (AUKUS) que le permite el acceso a la tecnología estadounidense para la construcción de submarinos nucleares. El objetivo: contrarrestar el peso de China en la región Asia-Pacífico.

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