Boca grita otra vez campeón
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Esta conquista aletargó las pasiones del comienzo y el juego, que en líneas generales siempre favoreció a los visitantes, por el patronazgo que ejercía Fernando Gago en la mitad de la cancha y el control de balón que tenía Insúa cuando sus compañeros recuperaban.
Pero Boca tenía insuficiencias defensivas y ofensivas que no le permitían respirar tranquilo cuando atacaba Olimpo ni generar mayor escozor en su rival cuando era el que buscaba quebrar la paridad.
La primera deficiencia pasaba esencialmente por el mencionado Schiavi, aunque no era el único responsable de esa inseguridad, ya que los laterales Hugo Ibarra y Juan Krupoviesa exageraban con sus proyecciones y no volvían con la premura necesaria.
Además, el formoseño lucía extrañamente alterado (le aplicó un puñetazo por la espalda a Christian Díaz, no advertido por el línea de ese lado, Darío Rebollo), aunque en esa misma postura estaba enrolado también el volante Sebastián Battaglia (golpeó con dureza a Leandro Benítez), muy impreciso con la pelota.
Las pérdidas del volante del seleccionado argentino generaban inclusive algunas jugadas de riesgo en favor del local, que pese a jugar con dos delanteros de punta (Ezequiel Maggiolo acompañaba a Blanco) no generaba riesgo en la misma proporción de sus ataques.
Por eso Boca, con tener más tiempo el balón en su poder, siempre generaba una sensación de superioridad, como si a pesar de los errores existiera el convencimiento en sus jugadores de que el campeonato no se les podía escapar.
Claro que llegar al arco de Carlos Roa les resultaba complicado, porque Rodrigo Palacio de debatía en soledad ante dos y tres defensores, en tanto Martín Palermo mantenía una irritante inmovilidad en los portales del área.
Y como el aporte del 'Titán' no era el que el atacante bahiense necesitaba y no había volante que se le acercara, las acciones que pusieran en riesgo a la defensa local eran escasas.
Solamente la pelota parada, como en la primera conquista, podía aportarle a Boca una generosa oportunidad de pasar al frente en el marcador.
Y esa ocasión llegó cuando faltaban cuatro minutos para finalizar la primera etapa, merced a un tiro libre "con tres dedos" lanzado por el 'Pocho' Insúa, que con fortuna rozó la cabeza de Ariel Garcé en la barrera y descolocó a Roa.
La segunda etapa encontró en el arranque a un Olimpo más ambicioso, que aún sin claridad, empezó poniendo toda la carne en el asador en las pelotas divididas.
Pero esa enfática lucha por la pelota comenzó a decrecer a partir del cuarto de hora, cuando paulatinamente Boca empezó a retroceder en el terreno, regalándole la pelota a su rival para apostar a algún contraataque del siempre solitario Palacio.
Pero como la pelota cada vez le llegaba menos, los intentos de Olimpo, que abría la cancha, empezaron a generar zozobra a la última línea boquense, aunque siempre faltaba la puntada final.
Recién Boca recuperó algo de su funcionamiento sobre la media hora, cuando ingresó Pablo Ledesma, quien sin embargo no fue el revulsivo que los de Alfio Basile precisaban, porque Olimpo siguió presionando hasta el final.
Pero las noticias que llegaban desde Banfield, preocupantes primero cuando Alejandro Delorte puso en ventaja a Gimnasia y alentadores poco después, cuando empató José Sand (antes había malogrado un tiro penal), les devolvieron el alma al cuerpo a los miles de hinchas 'xeneizes' que llegaron hasta Bahía Blanca.
Y después de los sofocones del final, con Boca metido en su área para defender la obtención de su 21er. título profesional, llegó el festejo que tan difícil de concretar aparecía apenas un par de semanas atrás.




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