Septiembre volverá a ser un mes decisivo para el equipo argentino de Copa Davis. Tal como ocurrió en las últimas temporadas, el elenco nacional deberá sostener su lugar en la élite del tenis mundial, ahora frente a Lituania. Pero el sorteo de la serie del Grupo Mundial I dejó en un plano lejano un trasfondo lúgubre para el equipo albiceleste, acostumbrado a las grandes luces.
Copa Davis: Argentina se enfrentará a Lituania en el cierre de un período de desilusiones y desprestigios
El elenco nacional luchará por sostener su lugar en la élite en septiembre y como local ante los europeos. Será la última serie de Coria como capitán en un ciclo que estuvo lejos de la gloria deportiva.
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Coria disputará su última serie como capitán de Copa Davis en septiembre, ante Lituania, cuando Argentina tenga la misión de sostener su plaza en la elite del tenis.
Entre el 15 y 17 de septiembre (dos días a elección), Argentina recibirá a los europeos con la misión de revalidar su plaza en los Qualifiers 2024. La falta de una figura de peso en el rival y la localía nacional invitan a esperar un resultado favorable. Los lituanos tienen como mejor carta a Ricardas Berankis, de 32 años y 193 del ranking de singles, mientras que el mejor doblista es Edas Butvilas, número 958 mundial. Sin embargo, el peligro de los capitaneados por Guillermo Coria abreva en una circunstancia diferente.
En los últimos tiempos, y especialmente en la última serie ante Finlandia, disputada en Espoo, al combinado argentino le costó conformar un verdadero equipo, más allá del rival y de la superficie. Esto invita a un largo debate sobre la filosofía del tenis vernáculo, cuya zona de confort fue siempre el polvo de ladrillo. Hoy los circuitos mutaron en una generalidad de canchas intermedias o rápidas, muy distantes de la tradicional arcilla local.
El último fin de semana Argentina perdió 3-1 con Finlandia, liderada por un joven Emil Ruusuvuori y en una superficie rápida pero jugable en comparación con las que dispusieron Eslovaquia en 2005 o Suecia en 2007. La serie del pasado fin de semana estuvo signada por las ausencias de Diego Schwartzman, el mejor singlista nacional, y de Horacio Zeballos, N°1 albiceleste en dobles.
Precisamente, ambos fueron protagonistas de diversas internas en Bolonia, sede de la fase de grupos de las Finales de Copa Davis en 2022. En aquella ocasión, con el debut de Francisco Cerúndolo y la mala racha que arrastraba Sebastián Báez en el ATP Tour, a Argentina se le hizo imposible adjudicarse un single: cayó en todos los partidos individuales ante Suecia (el rival a vencer cómodo, según creían en el seno del equipo), Italia y Croacia, y sólo obtuvo dos puntos en dobles.
La figura de Coria quedó debilitada. Durante 2022 y 2023, Argentina perdió siete puntos individuales consecutivos, una racha que frenó Cerúndolo ante el finlandés Otto Virtanen. En el mismo período, el elenco nacional acumula cuatro series en las que resultó vencida, una marca que no se repetía desde 1970.
El combinado albiceleste parece haber entrado, nuevamente, en una fase de descontentos íntimos que tantas veces conspiraron con el deseo de gloria. Ni siquiera los nombres que protagonizaron el momento más encumbrado del tenis nacional pudieron darle continuidad a lo propuesto hace algunos años por Daniel Orsanic (especialmente en 2015 y 2016, temporada en la que Argentina saldó su deuda más espinosa).
La final de Roland Garros 2004, en la que Gastón Gaudio derrotó a su archienemigo Coria, marcó un hito en la historia de las raquetas de nuestro país. Dos talentos tan marcados como disímiles dirimieron un título sin precedentes. Una quincena de años después los mostró lejos del papel de entrenadores pero próximos a la silla de capitán. Sin embargo, no estuvieron a la altura de lo que la capitanía demandaba.
El “Gato” no viajaba, delegaba mucho en su subcapitán Gustavo Marcaccio y mantenía un diálogo acotado con los jugadores. Coria se apoyó en demasía en Martín García y Leonardo Mayer, sus subalternos, y en los entrenadores de cada tenista. La falta de gestión en el vestuario, entonces, se hizo evidente con celeridad y todo detonó en Bolonia.
La era Orsanic, finalizada abruptamente en 2018 por rencillas del pasado (especialmente con Gaudio, quien estaba seguro de ser el capitán en 2014 cuando el entonces Director de Desarrollo finalmente resultó elegido), representa el único oasis en la historia argentina de la Copa Davis: se priorizó el equipo a los nombres. El resultado fue la obtención de la Ensaladera en aquel histórico 27 de noviembre de 2016.
Precisamente, hace cinco años, cuando la actual dirigencia de la Asociación Argentina de Tenis asumió en el Darling Tennis Club de San Telmo, se aseguró que la presencia de Gaudio significaba, además, un nexo comercial, en particular con los poderosos capitales qataríes. El apoyo económico nunca llegó. Pocos meses después, la ITF anunció la intención de un cambio de formato de la Copa Davis a raíz de una propuesta del Grupo Kosmos liderado por Gerard Piqué.
En este tiempo en que Argentina dilapidó chances y sólo alcanzó los cuartos de final de las Finales 2019, en Madrid, no se aprovechó la gran oportunidad tanto deportiva como económica que ofreció el cambio de formato, aprobado por la AAT a raíz de la seducción financiera. Como dice el refrán, el tren sólo pasa una vez.
Puertas adentro, los distintos actores acordaron que el “Gato” estaría en la capitanía por dos años, y luego sería reemplazado por el “Mago” durante un período idéntico. Tras estas dos experiencias, en la entidad de la calle Maipú ya no piensan en un miembro de La Legión –la cual hoy mismo gobierna el tenis argentino- para conducir al equipo en el futuro. La determinación es que el cargo lo ocupe alguien de experiencia y con perfil bajo.
La serie ante Lituania será, de no mediar actos intempestivos, la última de Coria. “Van a estar protegidos porque no se nos va a escapar ni un detalle”, dijo el capitán en la previa de las Finales 2022, en el Tenis Club Argentino. El ex número 3 del mundo dejará su cargo en una posición endeble y con la posibilidad del descenso, hoy mejorada luego de lo que destinó el sorteo.
Argentina cumplirá en junio 100 años de competencia de la Copa Davis, una historia siempre marcada por internas, estrellatos y egos sustentados en la gloria individualista. En la actualidad, los dos equipos nacionales, el de varones y el de mujeres de la Billie Jean King Cup, están envueltos en conflictos íntimos que repercuten en el funcionamiento deportivo. Esta vez, no viajó ningún dirigente con autoridad deportiva junto a la delegación, en contraposición con el mensaje que se quiere dar: la selección argentina de tenis.
Septiembre, un mes crucial tal como sucedió en las últimas temporadas. Desde el descenso de 2017 tras ganar la Ensaladera hasta la esperanza de 2023 de materializar la permanencia y pelear por un lugar en las Finales en 2024. No habrá que pensar en el año próximo; primero, la revalidación de la plaza en élite. Pero antes, incluso, la resolución de las cuestiones internas y que el equipo sea un conjunto y no sólo una sumatoria de partes.
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