Hace pocas horas se bajó el telón de un US Open histórico. Carlos Alcaraz triunfó y ascendió al N°1 del mundo. Iga Swiatek conquistó su tercer Grand Slam y se consolida en la cima de la WTA. Pero también lo fue por los números que arrojó el certamen, con récords en entradas vendidas, rating y ventas de merchandising. Sin embargo, no todo es color de rosas en el mundillo del tenis. La televisación cae poco a poco y el negocio se resiente. La Copa Davis sufre. Y no deja de cambiar.
Copa Davis: eternos cambios para volver a ser lo que alguna vez fue
El legendario torneo por equipos del tenis aprobó una histórica transformación en 2018. Desde entonces, atraviesa una era de modificaciones con la intención de sostener el negocio.
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La Copa Davis vive una fase de permanentes cambios y experimentos en la búsqueda de mantener el negocio.
El proyecto original era ambicioso: revitalizar un torneo de más de 100 años de historia para llegar al público joven y aumentar el tiempo de visualización en las pantallas (otrora por TV, en los últimos años en celulares y computadoras). Para eso, cuando la Federación Internacional de Tenis (ITF) aprobó el cambio, el Grupo Kosmos, liderado por el futbolista catalán Gerard Piqué, invirtió u$s 3.000 millones en un contrato de 25 años. La mitad de ese monto se destinó a un fideicomiso para garantizar el cobro.
La Copa Davis mutó de su histórico formato de cuatro series, con localías alternas y elección de superficie, a una ronda de clasificación y las Finales de fin de año, un concepto apropiado de muchos deporte. El tenis buscaba su propio mundial, con una sede única rotativa, con una semana de duración y partidos más cortos y atractivos. El dinero manda, pero no siempre es la solución necesaria.
Desde aquel 16 de agosto de 2018, la Ensaladera transitó un camino de idas, vueltas, curvas y frenos. Nada de lo propuesto durante meses por el holding con base en Catalunya para convencer a las federaciones se transformó en realidad, más allá de la percepción económica y la nueva estructura deportiva. El negocio no resulta y las transformaciones no cesan.
Sólo en 2019 se pudo competir con la idea original, aunque con un ligero cambio. La clasificación –que Argentina no la disputó porque fue invitada a las Finales de Madrid- se iba a jugar durante tres días, como el viejo formato, pero se decidió emparejar las series en dos jornadas.
La ambición conjunta de Kosmos e ITF era rivalizar con la Laver Cup, el torneo creado por Roger Federer que enfrenta a las principales figuras de Europa contra las del Resto del Mundo, en sedes rotativas cada año. Este certamen, “semi-oficial”, tiene lugar tras el US Open, una fecha sensible para los tenistas que terminan una larga gira por Norteamérica. Antiguamente, las semifinales de la Davis se disputaban días después del Grand Slam, por lo que muchas figuras se veían comprometidas. La Laver tiene un incentivo económico y comercial: aparecer allí significa tener otro status deportivo.
Allí radica la explicación de las dos fases de la nueva Copa Davis, con clasificaciones post Australia y las Finales en el cierre del calendario. Nuevamente, esto sólo sucedió en 2019, el primer año del prometedor esquema.
En 2020 el tenis frenó su normal desarrollo por la pandemia de Covid-19. Los Qualifiers de marzo se transformaron en el acceso a las Finales de 2021. El año pasado la lucha por el título tuvo un nuevo escenario, ya que Madrid no fue la única sede: se agregaron Innsbruck y Turín, aunque sólo para la etapa de grupos. Esta fue la última edición cuya fase decisiva se desarrolló en una semana.
Para 2022 las Finales sufrieron otra reforma. En primer lugar ya no serían 18 equipos distribuidos en seis zonas de tres sino que serían 16, es decir, cuatro grupos de cuatro. Y tampoco se iban a jugar en una única semana: estos días se disputan los grupos –alojados en Bolonia, Hamburgo, Glasgow y Valencia-, mientras que los últimos días de noviembre, con el Mundial de Qatar en marcha, tendrán lugar los cuartos de final, semis y la serie por el título, ya en Málaga.
Este año también se implementó otro cambio que, además, se vio sustentado por una situación geopolítica. A partir de 2021 los cuatro clasificados a semis no pasarían directo a las Finales, sino sólo los finalistas. Rusia, último campeón, fue suspendida tras su invasión a Ucrania, por lo que fue reemplazada por Serbia, el mejor de los últimos cuatro contendientes.
En sólo cuatro temporadas –tres efectivas, por el Covid-19- la Copa Davis volvió a un esquema similar al que le dio tanta mística a través de las décadas. Antes eran cuatro series, normalmente en febrero/marzo, julio, septiembre (post US Open) y noviembre, con viajes por diversas sedes y la posibilidad de jugar en superficies muy diferentes. Hoy son tres instancias, en las mismas semanas, a excepción de julio. El único aspecto positivo para los jugadores es que el piso elegido es muy similar al de Flushing Meadows, aunque bajo techo.
De esta forma, a Grupo Kosmos le tomó muy poco tiempo revertir sus innovaciones y recuperar ciertos matices de la antigua competencia. Pese a todo, hay muchas figuras que continúan con su negativa. Por caso, el alemán Alexander Zverev advirtió en su momento que sólo iba a disputar la clasificación porque era lo único parecido a la Copa Davis. Este año, Marin Cilic, Novak Djokovic y Rafael Nadal desertaron a último momento. Jugadores del calibre de Alcaraz o Jannik Sinner se ausentaron el primer día de competencia de las presentes Finales por su intensa actividad en el US Open.
No obstante este detalle, según averiguó Ámbito en el lejano 2018, la intención de la entidad emplazada en Roehampton era mover la fecha de las series decisivas por pedido de los tenistas. La primera opción a considerar era… septiembre, luego del torneo de Nueva York.
Tras la primera edición de la “Davis de Piqué”, como se la denominó en la anónima virtualidad de las redes sociales, la ATP le dio otra sacudida a la ITF y compañía. En 2020 resurgió la ATP Cup, antes denominada Copa de las Naciones. Si bien ambas coinciden en el formato de grupos y eliminaciones directas, el torneo ya extinto era una suerte de amistoso, sin puntos, que se jugaba en Düsseldorf, sobre polvo de ladrillo y antes de Roland Garros; mientras que el certamen oficial se disputa en ciudades de Australia y sirve como previa del primer Grand Slam, con idéntica superficie.
Pero la propia ATP Cup va a desaparecer, ya que tanto la entidad masculina como la WTA confirmaron la creación de la United Cup, un certamen que tendrá equipos mixtos y premios económicos considerables. Mantendrá tanto el formato como la fecha actual.
Cambiar para que nada cambie, reza el postulado. La ITF hablaba en 2018 de construir el “mejor futuro posible” para la Copa Davis, pero hoy, a la luz de tantos movimientos, parece difícil analizar el porvenir. ¿Todavía se sentirán motivados Piqué y su tropa para innovar un torneo tan legendario?
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