De pie y con un gran tenis, Berlocq no pudo meterse en la final del ATP de Buenos Aires
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Berlocq demostró, de nuevo, que su estado físico, a los 34 años, es admirable. Aunque en determinado momento pareció algo más cansado que a lo largo de la semana (lo cual es lógico luego de tanto desgaste corporal y emocional), no dejó bola por correr.
Con derechas cruzadas y trayendo al número 5 del mundo a la red para luego buscar mejores espacios, el último argentino en pie del campeonato fustigó a su rival y lo sentenció a una cadena de errores, forzados o no.
Pero no por nada Nishikori está entre los cinco mejores del planeta. Aprovechando el bajón de "Charly", empezó a machacarlo con tiros bien angulados y haciéndolo correr, a sabiendas de su cansancio. Tal vez por eso, cuando pudo, el bonaerense le pedía a las tribunas que levanten el clima.
No pudo ser para el 77° de ranking, y su cuento de hadas llegó a la conclusión, pero no por eso se lo puede calificar de "triste". Es feliz a medias, porque en la parte final de su carrera, Berlocq se encuentra con un inicio de 2017 excepcional y desplegando un tenis de gran calidad. El romance con los hinchas quedó refrendado. Aunque no pelee por el título. El último argentino en conquistarlo fue David Nalbandian en 2008, y no hay un finalista nacional desde hace dos años, cuando Juan Mónco perdió ante Nadal.
"Lo que sucedió esta semana fue muy bueno, con muchas cosas positivas. Dejé todo y siento que estuvo muy cerca, pero me faltó claridad mental", sostuvo Berlocq, en conferencia de prensa, tras el partido.
"Este nivel que estoy teniendo ya lo tuve muchísimas veces en mi carrera. Estoy en un buen camino aunque hay cosas por mejorar. No me puedo conformar con esto, tengo que seguir", agregó".
Ahora Nishikori va por aquello que vino a buscar, el título en Buenos Aires, en la final de este domingo a las 14 ante el ucraniano Alexandr Dolgopolov. En silencio y sin arrancar como favorito para pelear mano a mano por la copa, fue sumando triunfos y confianza hasta encontrarse con la enorme posibilidad de acceder a la definición.
Para eso, el número 66 del mundo venció con autoridad por 7-5 y 6-2 al español Pablo Carreño Busta. El de Gijón es la nueva aparición del tenis ibérico y fue uno de los que mejor tenis jugó, pero en semis parece haber quedado lejos de su rendimiento ideal.
Desde el inicio mismo, Dolgopolov tomó la iniciativa y, en un encuentro más chato que vistoso, trabajó mejor los puntos y se quedó con los winners más espectaculares.
Rápido de piernas para acomodarse y muy efectivo con el saque (tuvo 10 aces y un bajo 51% de primeros servicios, pero de esos ganó el 81%), controló el juego del español, que no dejó de buscar variantes a pesar de los pocos resultados positivos.
El ucraniano llega después de eliminar al serbio Janko Tipsarevic, el uruguayo Pablo Cuevas (segundo favorito) y el austríaco Gerald Melzer, todos sin perder sets. Y no es casual que esté en la final de Buenos Aires, uno de los torneos más tradicionales de polvo de ladrillo: en 2011 ganó Umag, y ese mismo año fue finalista de San Pablo, además de perder la definición de Río de Janeiro hace tres años.
Unas de las características del juego de Dolgopolov es la capacidad de sorprender al rival con tiros inesperados y muchas veces armados sobre el momento, con sobrepiques veloces. En polvo de ladrillo, la velocidad lenta de la cancha le da un extra para para tener un segundo más y conseguir no sólo dominar el punto sino también cambiar a su gusto las direcciones de la pelota.
Dos extranjeros volverán a quedarse con el torneo porteño. Nishikori y Dolgopolov buscan su primer cetro en Buenos Aires, que tendrá nuevo campeón. Con el máximo favorito en el último partido, la situación es ideal. Aunque no haya argentinos que terminen colando la pasión del hincha como lo hizo Berlocq toda la semana.




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