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El conjunto capitalino no ganaba en la Ciudad Condal desde el 16 de junio de 1993, en semifinales de la Copa del Rey, pero hoy lo tuvo todo de cara para sellar prácticamente su presencia en la final de la Liga de Campeones del próximo 15 de mayo.
Los barcelonistas acorralaron a su rival durante el primer tiempo, lanzaron dos balones al palo y desperdiciaron múltiples oportunidades, pero el Madrid fue un equipo práctico, basado en la calidad de Zidane, y que con poco tuvo suficiente no para salir indemne, sino para lograr el triunfo.
El Barcelona salió con ambición y sólo tres defensas. Una táctica arriesgada con la que Rexach parecía insuflar máxima tensión a su equipo desde el principio. Además, el marcaje individual sobre Raúl y la libertad de movimientos de Zidane le daban la iniciativa a los madridistas en los primeros minutos.
Sin embargo, a base de coraje y mucha presión, el Barcelona invirtió la situación y fue arrinconando a los madridistas con el paso de los minutos. Esas eran las armas de un equipo que no contaba con jugadores de referencia en cada una de las líneas del campo, en defensa (Puyol) en el centro del campo (Xavi) ni en la delantera (Rivaldo).
En los primeros minutos, Kluivert avisó con un tímido disparo y después el holandés no pudo aprovecharse de un rechace franco en el que intervino también Saviola en el minuto 8. El Barcelona, sin descanso, acechaba ante el conformismo madridista y en el minuto 12 Luis Enrique remató al travesaño.
La respuesta madridista llegó en una rápida jugada a la contra, en la que Raúl no pudo superar a Bonano (m.14), pero el control y el dominio era de los locales, quienes desde el principio tuvieron muy claro el papel que tenían que jugar para salir victoriosos.
Sólo Roberto Carlos, en sus múltiples internadas por la banda, creaba sensación de peligro, pero los madridistas perdían con rapidez la posesión del balón. Rochemback, después de una combinación con Luis Enrique (m.28), avisó de nuevo, pero al
Barcelona le faltaba pegada, porque en media hora había perdonado hasta tres buenas ocasiones.
En el cuarto de hora final del primer tiempo, el Barcelona, que firmó unos primeros 45 minutos convincentes, siguió presionando e intentó jugar especialmente por la banda izquierda en la que Marc Overmars superaba casi siempre a Michel Salgado.
La última oportunidad fue de nuevo para Rochemback, ya en tiempo añadido, quien se acercó sobre la meta de César, en una jugada en la que el meta madridista sufrió un golpe en la cabeza tras chocar con Makelele.
Mientras tanto el Madrid no tenía mucho criterio en su juego. Sólo la presencia de Zidane, que regaló alguno de sus detalles de calidad, inquietaba al Camp Nou, pero el Barcelona se le veía con ganas y sólo le faltó el gol para rubricar una buena primera mitad.
En la segunda parte, los locales salieron con el mismo empeño, pero entonces apareció Zidane, quien aprovechó un balón en largo servido por Raúl para elevar el balón por encima de Bonano. Era el minuto 56 y el Madrid había tenido demasiado premio, porque en su segunda aproximación a puerta había conseguido lo que el Barcelona fue incapaz de lograr.
La entrada de Geovanni, un delantero, por Reiziger, un defensa, reforzó la apuesta atacante de Rexach a media hora para el final. Con el 0-1 el encuentro se descontroló absolutamente. Guti, en el minuto 60, y Raúl, en el 63, pudieron aumentar la ventaja madridista ante un rival volcado totalmente al ataque y que no se amilanó a pesar del gol encajado.
El 0-1 fue el parapeto perfecto para el Madrid, que vio cómo Zidane aparecía más en el juego y de ese modo la sensación de seguridad creció en el equipo de Del Bosque que ya no pasó apuros y que incluso tuvo ocasiones para aumentar su ventaja en el marcador.
Solari, en el minuto 78, y Guti, uno más tarde, pudieron sentenciar prácticamente la eliminatoria, pero los delanteros madridistas no estuvieron acertados y Bonano estuvo muy atento.
El cuarto de hora final fue un calvario para el Barcelona y un placer para el Madrid. Los locales, fundidos por el esfuerzo, se hundieron cuando vieron que estaban perdiendo cuando no habían merecido la derrota, mientras que el Madrid vivió sobrado el arreón final y se permitió el lujo de sentenciar la eliminatoria merced a un nuevo gol en tiempo añadido, a cargo de McManamana, un tanto que pone al Madrid prácticamente en Glasgow.



