30 de mayo 2005 - 00:00

Empate que dejó un sabor amargo

Estudiantes no pudo con un Boca alternativo y juvenil, y el empate que consiguió en su propio estadio dejó más desazón que optimismo en la lucha por el título. La cautela fue el denominador en un partido demasiado equilibrado: mientras Boca tuvo un solo delantero de punta (Víctor Espíndola), Estudiantes -fiel a su estilo- no tuvo jugadores con manejo, ya que sus volantes prevalecen a la hora de las fricciones, pero no así a la hora de crear juego en el medio.

Sin embargo, con empuje y fuerza le bastó para exigir algunas veces Ezequiel Medrán, una de ellas con remate de Marcos Gelabert en el poste derecho, durante los primeros 45 minutos. Reinaldo Merlo advirtió esta anemia creativa de sus dirigidos, vio que el equipo necesitaba más fútbol e hizo ingresar a José Sosa por un José Chatruc muy movedizo pero poco productivo, cuando apenas transcurrían ocho minutos del segundo período.

También mandó al campo de juego a Maceratesi por el grandote Senger, un delantero chaqueño de 22 años que tiene tanto volumen físico como inexperiencia para jugar este tipo de encuentros.

Con sus errores a cuestas, Estudiantes fue en busca del triunfo, pero se encontró con una gran figura: Medrán, que siempre respondió con efectividad. Por eso, para Estudiantes el empate significó una decepción, simplemente porque no pudo mantenerse a un punto de Vélez y dejó pasar otra oportunidad para pelearle el título de igual a igual, cuando restan cuatro fechas para el final.

Tampoco a Boca el punto le sirvió de mucho, porque de no ganar la presente Libertadores (viaja mañana para jugar el jueves un trascendente partido ante Chivas de Guadalajara) se quedará fuera de su próxima edición de la Copa y -por tanto- lamentará empates como el de ayer, que en la suma valen de poco.

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