Llenar el Lawn Tennis Club en un sólo partido de un torneo Challenger no es poca cosa. En realidad fue producto de la atracción de este nuevo «fenómeno» que se llama Guillermo Coria, que ayer superó (aun pensando que con algunas dificultades) al experimentado español Alberto Berasategui por 6-1, 4-6 y 6-4 para hacerse dueño de otro capítulo de la Copa Ericsson.
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Las 4.500 personas que se reunieron en el court central pudieron ver su cuarto título consecutivo y las causas por las cuales Coria hace 20 partidos que no conoce la derrota, situación que hace posible que con este triunfo escale unos diez puntos más para alcanzar aproximadamente el puesto 85° en el ranking de la ATP (que asegura su participación en el Grand Slam de Australia al estar entre los 100 mejores).
La final de ayer puede separarse en tres capítulos bien diferenciados. El primer set Coria hizo gala de una sucesión de matices en su juego y una capacidad física, que le sirvió para enviar precisos saques, ganar la red con facilidad y manejar el juego con toques cortos y cruzados. No extrañó ese categórico 6-1 final. Sin embargo, en el segundo juego Berasategui mostró todo lo que sabe y puede, que no es poco, cualidades que lo llevaron a ser finalista en Roland Garros en el '94 y a estar clasificado como séptimo jugador del mundo. Con gran solvencia y envíos largos, primero obligó a Coria jugar desde el fondo y luego hizo su propio juego. Cuando parecía que el español se alzaba con la victoria en el tercer y definitivo set, volvió a aparecer el juego punzante de Coria (que jugó con una contractura en el glúteo) y con golpes de revés sobre los flejes dio cuenta de un partido que se había complicado sobremanera.
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