Nueva Delhi, marzo de 1987. Cuando el rap, el pop electrónico, los pelos largos desmechados y otros rasgos culturales empezaban a predecir la llegada de los 90, la década de la globalización, Argentina aterrizaba en India para una inusual serie de Copa Davis. Mucho más que inusual: casi surrealista, rodeada de espiritualidad y pobreza por partes iguales. Un match que rozó la epopeya y terminó con historias desgarradoras y asombrosas.
Historias de la Copa Davis: cuando Argentina atravesó mucho más que el mundo para enfrentar a India
El equipo nacional de tenis cayó 3-2 de visitante en una serie shockeante y marcada por una espiritualidad única. Ámbito reconstruyó aquellos días complejos que estuvieron al borde de una hazaña sobre el césped.
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La Copa Davis y sus historias asombrosas. Hace 36 años, Argentina visitó India en una serie que marcó a todos sus protagonistas.
Entre el 13 y el 15 de marzo, el césped del estadio de la Delhi Lawn Tennis Association, la entidad que ostentaba el poder de la federación de tenis india, lucía amenazante para un equipo argentino joven y con poca experiencia en dicha superficie. Martín Jaite, Horacio De La Peña, Javier Frana y Christian Miniussi, conducidos por Modesto Vázquez, estuvieron a solo un punto de derrotar a Anand y Vijay Amritraj (también capitán) y Ramesh Krishnan.
Aunque la serie parecía imposible por la superficie y por el viaje, Argentina tuvo match point a favor en el cuarto punto. “Tito” Vázquez, consultado por Ámbito, lo describió con precisión quirúrgica: “Vijay sacó al revés de Jaite, que metió una devolución paralela excelente en la cual el indio, que obviamente hacía saque y red, dio medio paso hacia atrás y de sobrepique le hizo un drop cruzado. Jaite estaba bien y llegó, la jugó cruzada y Amritraj adivinó y se la voleó paralela. Y se acabó el partido. Martín sufrió el golpe”.
De haber ganado ese punto, en el 5-4 del cuarto set del cuarto punto, el elenco nacional hubiese avanzado a la segunda ronda del Grupo Mundial, donde esperaba Israel, que había dado una sorpresa mayúscula ante Checoslovaquia. En cambio, los albicelestes (derrota 3-2 en el partido decisivo) enfrentaron precisamente a los europeos, que ganaron 5-0 de local y mandaron al descenso a Argentina.
Pero esa fue sólo la arista deportiva de una historia que trascendió a la pelota amarilla y a las incipientes raquetas de grafito. La experiencia que vivió el cuarteto albiceleste y el cuerpo técnico dejó recuerdos indelebles e imágenes asombrosas que Ámbito reconstruyó junto a sus protagonistas.
India, un país en una época muy diferente
En la época en la que Diego Maradona emocionaba en cada partido y Michael Jordan dejaba de ser el niño prodigio para transformarse en el mejor del planeta, India estaba lejos de ser el país emergente que es hoy, integrante del BRICS y una de las mayores potencias informáticas del mundo. A lo largo de este año, Bharat –nombre que tomaría oficialmente- le disputa a China el título de la nación más poblada del mundo y, según datos del FMI, posee la quinta economía más grande de la Tierra.
Por el contrario, eran tiempos de igual sobrepoblación (vivían alrededor de 700 millones de personas, casi la mitad que 36 años después), desnutrición y choque cultural mucho más pronunciado. La occidentalización de Oriente no era moneda corriente y la espiritualidad era el signo característico de la zona.
“Esa serie fue de locos. Ir a jugar a India en ese momento hasta era peligroso por la salud”, evoca hoy Frana a pedido de este medio. Fiebre amarilla, cólera, tifus, hepatitis, algunos de los riesgos sanitarios a los que se exponía el combinado argentino. “Pero nadie le sacó el pecho, nadie se bajó ni puso excusa de ningún tipo. Sabíamos que íbamos a vivir situaciones bastante movilizantes”, afirma quien actualmente integra el equipo de trabajo de Sebastián Gutiérrez y Sebastián Báez.
Jaite estuvo al borde de una victoria sin precedentes para el tenis vernáculo. Después de 36 años rememora que el viaje “fue muy largo, de más de un día”, con una escala en Frankfurt y el posterior arribo a Nueva Delhi. “Había un contraste muy fuerte entre el lujo del hotel en el que estábamos con lo que se veía alrededor. No había tanta indigencia, pero sí mucha pobreza. Era un estándar muy bajo”, apunta el director del Argentina Open y también integrante de la Comisión Fiscalizadora de la AAT.
Ámbito recolectó distintos testimonios de diferentes argentinos que viajaron a disputar aquella serie y algunas historias dejan estupefacto a cualquiera. Algunos asistentes se sorprendieron al arribar al aeropuerto de la ciudad. Miles de personas se agolpaban alrededor de la salida como si fuesen a esperar que una legendaria estrella de rock les firmara una foto. En realidad, era una cruenta disputa para ayudar a cualquiera que tuviera una valija para así recibir, al menos, unos centavos de dólares con los cuales comprar comida. Incluso, algunos se subían al taxi con la venia del conductor para poder sentarse en un lugar más cómodo que el piso de tierra.
“Es un país que tiene una pobreza en cierta manera digna”, añade “Tito” Vázquez, quien se quedó luego de la competencia para conocer más sobre el lugar: “Hay que verlo para creerlo, a mí me pasaron cosas increíbles”, califica. Muchos años después, el excapitán regresó a India con su hija en un viaje que se vio interrumpido por el tsunami que azotó la zona del océano Índico en 2004.
Era frecuente ver en las calles una multitud de personas de cualquier condición económica, especialmente carenciados. Los pedidos de limosnas ensordecían el ambiente, con gente mutilada que se movía en carros especiales y olores que ocupan un espectro tan disímil como la comida callejera local hasta los insoportables baños públicos con nula limpieza. “Allá todo es intenso, los días pueden ser difíciles, pero al otro suceden cosas maravillosas. El contrapunto es que no tienen resentimiento y no hacen cosas malas, no roban, no hay accidentes pese a la cantidad de gente”, añora Vázquez.
El contraste siempre estuvo marcado. Toda la delegación argentina, más los periodistas que asistieron y algunos fanáticos, se alojaron en un mundialmente famoso hotel cuya insignia es la S. Allí todo era lujo; afuera, la realidad recuperaba su presencia. Mientras en el hospedaje abundaban comodidades, en la calle sucedían cosas infrecuentes de ver en este lado del Atlántico: por ejemplo, vacas, elefantes y otros animales con libre tránsito en la vía pública.
Frana trae al presente una situación tan compleja como cotidiana: “La cancha que teníamos designada para entrenar tenía alambre perimetral a la calle en un predio muy público, y aparecían chicos desnutridos para vernos. Para nosotros no era fácil convivir con eso, incluso en una época complicada de Argentina”.
Comer en la India, una odisea
“India en ese momento era un lugar casi imposible para nosotros. Era irse muy lejos. Caminamos, entramos a algunas casas; había mucha gente durmiendo en una habitación, muchos en el piso, porque era su costumbre. Era un lugar muy poblado”, sostiene hoy Jaite, quien enfoca el flashback a una circunstancia muy necesaria que califica como “un problemón”: la comida, que en la tierra de Mahatma Gandhi suele ser demasiado picante para nuestros carnívoros paladares.
Es de público conocimiento que la vaca es un animal sagrado, por lo que la necesidad proteica tenía casi como opción excluyente el pollo. “Vimos que en el hotel lo hacían a la parrilla y podía estar bueno, pero era híper picante. El tenista en general se tiene que cuidar para que no le pase nada a nivel estomacal. Por suerte a los pocos días nos invitó la embajadora argentina a comer”, repasa el ex número 10 del ranking ATP en la misma sintonía que Frana, quien sufrió una reacción alérgica tras tocarse la cara luego de comer.
El equipo argentino de Copa Davis fue “rescatado” por Teresa Flouret, su madre y los empleados diplomáticos. Según las escasas crónicas de la época como la de El Gráfico, casi la única superviviente, el asado aviar y las pastas caseras conformaron el menú paradisíaco. El rafaelino detalla la desesperación alimenticia de esos días: “Cenamos todos los días en su casa. No veíamos la hora de llegar, la señora fue muy amable y hospitalaria. Nos salvó la vida, porque la hubiésemos pasado muy mal”.
Según el relato de quienes estuvieron en Nueva Delhi, una situación particular pasmó a los extranjeros. Todos los días pasaban dos camiones recolectores, uno para la basura y otro para las personas que morían en la calle producto de la carencia. Resulta difícil tomar conocimiento de esto, pero más aun de verlo. “Es shockeante”, aduce Vázquez, porque “acá te sentís mal por ver a alguien en la calle, y allá está todo el mundo. Es increíble, porque también se dice que es el país más espiritual del mundo”.
Tanto para “Tito”, que era el único que tenía conocimientos de India por su etapa universitaria en la UCLA, como para Jaite y Frana, la experiencia fue maravillosa, independientemente de la conclusión deportiva. Pero, a la distancia, los exjugadores reconocen que no dimensionaron lo vivido.
“Una experiencia así te abre la cabeza. En todo ese torbellino del que hoy te concientizás, estábamos jugando al tenis. Ahora no me arrepiento y digo qué bueno, más allá del resultado. Lo que queda es la vivencia”, se sensibiliza el exdoblista. Para Jaite, el viaje “fue muy bueno. Vivimos 12 ó 13 días juntos en un lugar al que, si no fuese por el tenis, no hubiésemos ido. Me hubiese gustado recorrer mucho más. En el mundo de la Copa Davis, estás muy encerrado en el hotel, no tuvimos esa posibilidad”.
A veces, el deporte entrega estas historias de locura y diversión, de compromiso y pobreza, de inconsciencia y magnetismo. En palabras de los chinos, un ying y yang que ofrece dos caras de la misma moneda. La espiritualidad de un país con millones de pobres se había entremezclado con la aristocracia del tenis.
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