La violencia del fin de semana
Un muerto y un herido grave el sábado (San Lorenzo-Vélez); ayer quemaron autos, hubo cuchilladas, más heridos y 183 detenidos en una gresca de Boca Juniors. Aníbal Fernández dice que la violencia no es del fútbol.
-
River le gana 1 a 0 a Belgrano en el Monumental por el Torneo Apertura
-
Navone se consagró campeón en Bucarest y consiguió el primer título ATP de su carrera
Javier Castrilli
Es más, los dirigentes estaban preocupados porque tenían miedo de que les descuenten puntos por los incidentes, aunque un vocero de Javier Castrilli los tranquilizó sobre que no serían sancionados.
Justamente, la voz de Castrilli, el responsable de la seguridad en el fútbol a nivel nacional, fue la única voz que no se escuchó. El ex árbitro se llamó a silencio y cerró sus teléfonos celulares para no responder nada que tenga que ver con los incidentes, y no sería raro que se «guarde» para brindar la exclusiva este mediodía en el programa que lo tiene contratado en el cable del monopolio «Clarín».
Castrilli había pedido licencia a su cargo en los últimos meses de la gestión de Kirchner para presentarse como candidato a intendente de Almirante Brown y salió último. Se especuló con que no iba a volver a su cargo y hasta se nombró al responsable de seguridad de la Secretaría de Deportes, Juan Carlos Blanco, como su reemplazante. Finalmente, fue confirmado en su cargo un mes después de asumir Cristina Fernández de Kirchner.
Lo extraño de este país es que en lugar de elegir expertos en seguridad o sociólogos para manejar un tema tan delicado como la violencia en el fútbol se elige a ex árbitros de fútbol, porque tanto Castrilli como su potencial reemplazante, Blanco, y quien fuera encargado de la seguridad en la provincia de Buenos Aires, Mario Gallina, tienen como antecedente saber sacar la tarjeta amarilla o la roja, pero ningún master en seguridad en el deporte, más allá de lo que aprendieron en viajes al exterior pagados por el Estado. De Gallina se puede decir que era subcomisario, pero de oficina, ya que trabajaba en la oficina de personal de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y se jactaba de «nunca haber tirado un tiro».
Así las cosas, es muy difícil que se empiece a resolver un problema tan complejo como la violencia en el fútbol, ya que hay desde temas culturales (los barras bravas se sienten los protagonistas de la fiesta del fútbol y muchos pacíficos piensan igual que ellos; además, en muchos casos tienen el apoyo logístico de los dirigentes, que los utilizan para seguir en el poder), pasando por económicos (la Policía recauda más de 6 millones de dólares anuales por seguridad adicional en el fútbol) y de decisión política (en muchos actos políticos y gremiales se ve a los barras bravas como grupo de choque bien cerca del escenario).
Por eso al fútbol le quedan dos caminos: seguir conviviendo con la violencia como hasta ahora y protestar una semana cuando hay un muerto o 24 horas cuando el hecho de violencia no genera víctimas fatales o hacer un programa serio de seguridad con gente idónea en cada una de las áreas, tanto estatales como policiales, y de la AFA.
El plan que presentó la Universidad Tecnológica (empadronar a todos aquellos que quieran comprar una entrada de fútbol e ingresar con las huellas digitales al estadio) parece invasivo y en contra de las libertades individuales. Pero es un principio para impedir que los violentos entren. Después también tienen que dar confort y servicios (todos sentados y sanitarios en buen estado) porque aquellos que son tratados como seres humanos responden como seres humanos, mientras los que son tratados como bestias (como ocurre ahora) reaccionan como bestias.
El problema es complejo, sobre todo si no hay voluntad para solucionarlo.




Dejá tu comentario