Hernán Crespo, Carlos Tevez, Lionel Messi y Oscar Ustari, cuando abandonaban el sábado las instalaciones donde
estuvieron concentrados, en Herzogenaurach. Luego, el regreso a la Argentina.
El Mundial de fútbol fue. Que el campeón vaya a ser Italia, Francia, Alemania o Portugal -los cuatro semifinalistas- no interesa más que una disputa de las copas europeas por selecciones. Primero la desazón fue el viernes por quedar afuera la Selección argentina en el partido frente a Alemania, dirimido además por penales, un hecho casual que suele autoconformar a los argentinos propicios a compensarse con triunfos morales. Si también quedaron afuera Brasil e Inglaterra el dolor se redujo más y, a la vez, el interés mengua mucho entre los latinoamericanos. Se fue la habilidad mayoritariamente en las dos naciones del Mercosuraunque queden algunos futbolistas brillantes, como tiene el seleccionado francés.
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Brasil no se atrevió a remover sus momias de épocas de gloria y se fue de Alemania sin lucir, dando pena. Argentina las removió y se lució, aunque el camino de regreso sea el mismo. Argentina tiene jóvenes jugadores de futuro brillante, quizá más que otros países, y Brasil tiene que ir a crear otra escuadra cuando la gloria ya es historia y la renovación una necesidad del futuro inmediato.
José Pekerman será criticado: tenía demasiados jugadores buenos como para lograr algo más que una digna actuación. Sentó en el banco a jugadores como Messi, que tiene hoy valuación mundial -por su edad- superior al mismísimo brasileño Ronaldinho. Fue excesivamente «laboratorista», casi un enfermo de la planificación y la consulta según cada rival sin imponer, como los grandes, un equipo memorizable que obligara a planificar al rival. Nunca se conocían sus equipos hasta el último minuto, muchos cambios no se entendían y menos los relevos que después hacía, como en el partido final. No formó la Selección como la gente aspiraba a verla y la gente, en definitiva, tuvo la razón. A diferencia de Marcelo Bielsa en el anterior Mundial trató de jugar «a la sudamericana» -como siempre ganó Brasil- y no «a la europea», algo que nos eliminó en el Mundial Corea-Japón en la primera ronda. Tenía Pekerman jugadores jóvenes, rápidos y de estilo criollo para una mejor mezcla. Además, se pareció demasiado a Fernando de la Rúa y se veía más posibles campeones a los equipos que presentaba, pese a que permanentemente los varió, que a él mismo como entrenador de una formación capaz de campeonar un torneo mundial.
¿Qué viene ahora? Renace la vida política y las disputas en la Argentina, nuestro quehacer diario más allá del inusitado entusiasmo que despertó este Mundial por la pasión de un país mayoritariamente futbolero y sanguíneo. La primera versión es que los sindicatos, respetuosos sólo de lo popular y masivo, se impusieron tregua por la chance del seleccionado argentino en el Mundial. Sólo no se pudo demorar atentar contra los minimercados chinos.
En el interior hasta se aprovechó la distracción del torneo ecuménico para convocar constituyentes que prolonguen mandatos de gobernadores. Ya el que no puede hacerlo -Jujuy, Mendoza, Tucumán, otros- parece un huérfano frente a los colegas. No está mal la posibilidad de la reelección continua -España, Alemania la tienen, por caso- si el pueblo puede decir «no» en circunstancias absolutamente libres. El mal político en la Argentina no pasa por la expansión de mandatos sino por las demagogias sin escrúpulos con fondos públicos, los ahogos a la oposición, las presiones a la prensa, para que la sociedad pueda decidir en democracia sin mutilaciones cuántos períodos concede al gobernante.
Pero se cree que desde el interior vendrán los principales problemas próximos que se le plantearán institucionalmente a Néstor Kirchner. Desde lo político, el accionar molesto para el gobierno de Mauricio Macri y Roberto Lavagna. Desde lo productivo, el paro agrario en trámite porque se pueden sobrellevar retenciones con dólar artificialmente alto, pero perder capital por prohibición de exportar, precisamente con ese dólar alto, es mucho castigo, sobre todo si las víctimas son productores de riesgo y los beneficiarios de tal política oficial los carniceros y la intermediación que no trasladaron el sacrificio de los originadores a los consumidores.
Y seguiremos viendo mermar los resguardos institucionales. Todo esto viene.
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