River "jugó" con San Lorenzo

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River prevaleció por sus individualidades y porque supo pegar en el momento justo, pero de ninguna manera jugó para estar a cuatro goles de diferencia de San Lorenzo. Es más, en muchos pasajes del partido fue superado y debió refugiarse en su defensa, que fue lo más firme del equipo.

San Lorenzo pagó muy caro su falta de contundencia ofensiva y, aunque merodeó el área de River con asiduidad, fueron muy pocas las situaciones de gol que creó y se perdió en su imprecisión para definir.

River no fue el de otras jornadas. Le faltó lo que habitualmente es una de sus virtudes: el manejo preciso de la pelota. Muy flojo D'Alessandro (que levantó su nivel cuando el partido estaba definido) y poco gravitante Lucho González; por eso, River no podía sostener la pelota en la mitad de la cancha. En cambio, San Lorenzo se despreocupaba casi de la zona central del campo y pasaba largos pelotazos desde su defensa hasta su ataque, esperando aprovechar un error defensivo. Así las cosas, el partido era deslucido y tenía destino de em-pate sin goles, pero Cavenaghi encontró una pelota a espaldas de Gonzalo Rodríguez y la mandó a la red.

Allí se planteó otro partido, porque San Lorenzo tuvo que arriesgar más en busca del em-pate y eso le generó a River los espacios que no tenía para desarrollar su juego. Hasta el gol de Lequi, el resultado del partido parecía incierto, porque los dos llegaban hasta el borde del área rival, pero ninguno encontraba la manera de generar peligro.

Después del gol, todo se terminó, porque River recuperó la confianza en su fútbol y culminó apabullando a su rival con sus toques precisos y con un D'Alessandro recuperado en toda su dimensión. Marcó dos goles más (el cuarto, con gran definición de Guillermo Pereyra) y pudo incluso anotar otros, porque San Lorenzo ya había bajado los brazos.

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