River terminó ganando un partido en el que pasó por todos los estados de ánimo: empezó disfrutando de su mejor fútbol convirtiendo un gol y creando cuatro situaciones claras para aumentar el marcador; siguió sufriendo ante un equipo colombiano que le quitó la pelota y no sólo le empató el partido, sino que estuvo a punto de ganárselo y terminó festejando con un gol agónico de Lequi, cuando el empate parecía inamovible.
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Los primeros 20 minutos de River fueron de gran nivel. Con Andrés D'Alessandro como pivote y con Luis González como su socio ideal. El equipo llegó tocando con paredes y con mucha habilidad. Convirtió un gol, después de una media vuelta impecable de D'Alessandro y entre Fuertes, Cavenaghi y Luis González desperdiciaron cuatro situaciones claras ante el arquero Zapata.
Después --inexplicablemente-River retrasó sus líneas y dejó que David Ferreira, Vargas y Virviescas manejaran la pelota y se asociaran con un movedizo Jairo Castillo que siempre encontraba espacios a espaldas de los defensores. Llegó el gol del empate, después de un error de Garcé que aprovechó Vásquez para iniciar una jugada que el mismo culminó y River se desesperó. «Desaparecido» Luis González, impreciso Coudet, bien marcados Cavenaghi y Fuertes (después Darío Husaín) River no encontraba los espacios para marcar el segundo gol. Llegaba con desorden y desesperación, tanto que América reguló la pelota y el partido y se conformó con el empate. Pero en un corner Lequi metió la cabeza y se terminó llevando un triunfo que ya no esperaba.
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