San Lorenzo, a un paso de la crisis
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Es que de entrada el « pelado» hizo todo bien. Llegó a un club en crisis, donde Oscar Ruggeri había fracasado notoriamente en el torneo apertura perdiendo 7 a 1 con Boca y 5 a 1 con River, entre otros resultados catastróficos, y ordenó la cosa en un mes. Trajo a Cristian Ledesma de Argentinos Juniors y a la «Gata» Fernández colgado en River, convenció de que se quedara a Ezequiel Lavezzi y se echó toda la responsabilidad encima, liberando a un grupo de jugadores que llevaban consigo el peso de la derrota. Fue campeón del torneo y le recuperó la sonrisa y las ilusiones a toda una parcialidad.
En el Apertura no pudo repetir y aunque llevó al club a Bilos, Romeo, Menseguez y Juan Manuel Torres, sintió mucho la ausencia de Ledesma (vendido a Grecia) y apenas si consiguió un octavo puesto.
Allí, elecciones mediante, empezó la novela de la renovación de contrato y el llamado de Aguilar para que Ramón Díaz vuelva a River. Algo que ya estaba concretado y se volvió todo atrás por las presiones mediáticas de Marcelo Tinelli, quien lo amenazó con una campaña en su contra por no cumplir la palabra. Este coqueteo le sirvió a Ramón Díaz para subir su cachet y un contrato que estaba redactado por un millón trescientos mil dólares pasó a un millón ochocientos, siendo por lejos el técnico mejor pago del fútbol argentino (Ischia en Boca gana una tercera parte de ese dinero) y para pedir refuerzos de jerarquía. Savino habría consultado a Julio Grondona, quien le habría dicho: «Dale para adelante, porque con este plantel no podés ganar la Copa».
Así, el grupo inversor, que además de Tinelli y Abdo tiene a dos amigos de Ramón Díaz, Gustavo Ranucci y el ex ministro de Justicia de Menem Elías Jassan, puso 5 millones y medio de euros para traer a D'Alessandro y Bergessio, y el club le firmó un contrato de 1 millón y medio de dólares anuales al primero y de 750 mil dólares al ex Racing. La apuesta del grupo empresario es que Ramón Díaz iba a revalorizar a los jugadores y ellos lo podrían vender en un año al doble, como hicieron con la «Gata» Fernández, a quien compraron en un millón de dólares y vendieron a México en dos.
Esto creó un conflicto en el plantel, en el que algunos justifican el principio de todos los males. El capitán Cristian Tula salió a declarar: «Nos hubiera gustado que primero arreglaran los contratos con nosotros, que fuimos los que clasificamos al equipo para la Copa, ganando el torneo Apertura». Es que el mejor pago de los que estaban en el plantel no llega a la mitad de lo que gana anualmente Bergessio.
Se acentuó cuando a Agustín Orión le negaron la posibilidad de ir al Napoli en 5 millones de dólares y le dijeron que en junio le iban a retribuir esta posibilidad con una transferencia a su medida. Ramón lo trató de « desagradecido», mientras seguía despreciando a Sebastián Saja, que es patrimonio del club, pero tiene que entrenar con la cuarta.




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