28 de junio 2001 - 00:00

Se tuvo que sufrir más de lo esperado

No había una persona que no se preguntara: ¿era necesario sufrir tanto? En la libreta de apuntes quedó cerca de una decena de pelotas que pudieron llevar destino de gol. Más allá de que convirtió Maximiliano Rodríguez casi en la iniciación del partido, el gol de Alejandro «Chori» Domínguez (sobre el final) descomprimió un resultado -hasta ahí- comprometido con el empate.

El equipo argentino cumplió pero quedó en deuda. Simplemente porque por momentos regaló la pelota, en otros se desconcentró y la mayor parte del encuentro despilfarró, en envíos de un campo a otro, algunas posibilidades de salida a las que se podían dar otros argumentos para ganar terreno ofensivo.

Esa falta de decisión lo llevó por un laberinto peligroso. China es un equipo de jugadores veloces, técnica y tácticamente bien dotados. Con un valor agregado: a la salida de un chino venía otro y otro... como si se multiplicaran. Situación que aunque no inquietaba en ataque producía un desgaste físico en los argentinos, hasta ahora acostumbrados a jugar con más espacios y otro movimiento de conjunto.

El partido bien puede dividirse en dos partes. En la primera, un 3-3-2-2 insinuaba un equipo ofensivo, hasta que a los tres minutos (con el gol de Argentina) se pararon en una formación más acorde a sus posibilidades: 4-4-1. Sin embargo, lo que parecía una posición especulativa se transformó pronto en un territorio dividido en triángulos, sea para marcar o para retener la pelota y buscar salida.

El equipo argentino -como partido en dos-debió debatirse en la individualidad de Romagnoli (de gran trabajo), en la salida poco eficaz de Saviola o en el despliegue que intentaba Maximiliano Rodríguez. Con eso le bastó para una producción con intermitencias, y de no haber sido por la falta de decisión (en unas) y de precisión (en otras) de Herrera, el andar pudo y debió ser mucho más tranquilo.

Era evidente que el técnico de China se jugaba a dos circunstancias: una jugada afortunada (llegaron dos veces, hicieron un gol y pudieron convertir otro que sacó milagrosamente Lux, luego cargando culpas con el empate), provocar en lo posible el alargue y finalmente, si no se podía, definir por penales. Tal vez no contaban con que en Argentina, en la medida en que desaparecía la cuota de fútbol, afloraban otros atributos auxiliares: ganas, vergüenza, tesón o como se lo quiera llamar.

La pelota circuló siempre por el área de China. Apretados todos en defensa, regalando la pelota, perdiendo en el intento individual. Ingresaron Domínguez y D'Alessandro. Argentina era ataque sostenido, hasta que en uno de los tantos córners llegó una pelota por elevación, se elevó Coloccini, cabeceó, dio en el travesaño y «a vuelta de correo» la empalmó Domínguez para romper con toda la aspiración del viejo Bora Milutinovic, escondido bajo el rótulo de «coach» de China.

ARGENTINA 2 - CHINA 1
Argentina: Lux; Colotto, Burdisso y Coloccini; Ponzio, N. Medina y Seltzer; M. Rodríguez y L. Romagnoli; Saviola y E. Herrera. DT: Pekerman.

China: Qi An; Lin Zhou, Wei Du y Yaounkung Zhang; Ming Gao, Sheng Wang, Zhojun Hu y Yi Ma; Song Yan; Tao Ku y Xinxin Wang. DT: Xiangfu.

Goles: PT 3m M. Rodríguez (A); ST 9m Bo Qu (CH) y 34m A. Domínguez (A).

Cambios: ST 8m Bo Qu por Tao Yu (Ch), 17m A. Domínguez por Herrera (A), 25m D'Alessandro por Seltzer (A), 37m Ahumada por Romagnoli (A), 40m Xiang Sun por Xinxin Guang (Ch) y 41m Feng Lu por Yi Ma (Ch).

 
Estadio: Vélez.

 
Arbitro: Mac Curry (Escocia).

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