El presidente de la AFA desde 1979, Julio Humberto Grondona.
En 1983, Julio Grondona iba por su primer reelección como presidente de AFA y trabajando en el viejo diario Tiempo Argentino me tocó hacerle una nota, donde me decía que el "quería envejecer como presidente de AFA". Me contaba: "No me veo en otro lugar. Me imagino viejito y yendo a pelearme con los dirigentes en esta casa". El tiempo le dio la razón y a los 80 años irá por su noveno período, que seguramente dirá que "es el último", como paralelamente dice Mirtha Legrand de sus almuerzos.
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Grondona declaró desde Zurich: "No me presento, me presentan", pero lo cierto es que sus peleas con Diego Armando Maradona y Daniel Alberto Passarella (casualmente los capitanes de la selección Argentina en los dos títulos del Mundo que se lograron) lo mostraron activo y con ganas de dar pelea, aunque en el calor de la lucha se haya excedido en las respuestas, diciendo cosas como "Moví mis influencias para que no hubiera control antidoping (en el repechaje ante Australia) porque Maradona venía de un dóping positivo y no sabíamos como llegaba" o la respuesta que dio ayer sobre el presidente de River: "su propio nombre lo dice Passarella".
Grondona, fue socio fundador de Arsenal de Sarandí y presidió después Independiente, por lo que es un genuino dirigente de fútbol pero, como todo caudillo, no generó una escuela de dirigentes y cuando deje la AFA no tendrá un sucesor natural, porque aquellos que empezaban a sobresalir en algún momento entraron en conflicto con él.
De un poder casi absoluto, demostró su capacidad llegando a ser el número dos de la FIFA sin saber hablar una palabra de inglés y no quiso tirarse a ser el presidente de la Federación justamente por esa limitación: "No hubiera sido presidente yo, sino los traductores", dijo alguna vez.
En AFA tomó la posta de un Alfredo Cantilo puesto por la dictadura militar en el momento del golpe para que garantice "los negocios" que aportaba el Mundial 78, que fue manejado desde el EAM y la AFA solo tuvo una actuación figurativa.
Gran negociador, soportó las embestidas del gobierno radical de Alfonsín, que intentó desalojarlo de su puesto y a su llegada a FIFA planteó una ley que fue fundamental para su continuidad, ya que consiguió que la FIFA desafilie a toda Federación que sea intervenida por el gobierno del país que pertenece. De esa manera logró negociar siempre desde una posición de poder y supo hacerlo con mucho tacto.
Fue el que firmó los contratos por más de 20 años con Torneos y Competencias por la televisación del fútbol y también fue el que los rompió para firmar con el Gobierno el "Fútbol para Todos", convirtiéndose en aliado del kirchnerismo.
Ahora soporta la embestida mediática del presidente de Independiente Rivadavia, Daniel Vila que quiere su sillón, como alguna vez soportó las de Carlos Bilardo, que ahora es el manager de la selección.
Su eslogan de cabecera es "Todo pasa", que lo tiene grabado en un anillo, pero el no pasa, permanece después de 32 años y va por más.
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