Cuando la Argentina jugaba la Davis contra Colombia en 1998 por la zona ascenso en Pilar, Hernán Gumy era el primer singlista y Guillermo Cañas el suplente. Eran los tiempos en que el tenis argentino no le interesaba a la gente por la falta de triunfos, de allí que ese partido se disputó en un club de Pilar.
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La Argentina se clasificó en las dos primeras jornadas y Cañas, entonces tuvo la oportunidad de jugar un single que ganó fácilmente. Willy Cañas le quedó agradecido a Gumy porque durante esos días de entrenamiento, le dio consejos sobre su juego y le corrigió algunos golpes. «Cuando se retire, va a ser un buen técnico; sabe mucho y enseña mejor», le comentó Guillermo a un amigo.
Antes de Gumy pasó fugazmente Javier Frana como entrenador, quien no logró atravesar el muro que interponía Willy a quienes querían ordenar su cabeza.
Fue Pablo Martín, un entrenador que llevó a los primeros planos a Mariano Puerta, quien a fuerza de discusiones y una tensa relación, logró una comunicación lo suficientemente profunda como para que Willy empezara a cambiar. Cuando la relación terminó, Willy se acordó de Gumy en aquellos días que jugaron juntos la Davis.
Hoy ambos están juntos en la mejor etapa de Guillermo, quien ayer jugó con una cadena de oro con un crucifijo que le regaló un amigo en los años de derrotas.
Cuando nada le salía y perdía partidos ganados. En una crisis con llanto en el Buenos Aires Lawn Tennis en diciembre de 2000, durante un entrenamiento donde justamente Gummy le ganó muy fácil, Willy lloraba porque no le encontraba vueltas a su tenis. El amigo, bastante mayor que él, se sacó el crucifijo y se lo colgó en el cuello: «Desde hoy, no perdés más», le dijo.
Willy llegó a cuartos de final en el torneo de Buenos Aires, donde perdió con Kuerten, a la semana siguiente hizo final en Acapulco y así comenzó este ciclo exitoso. El crucifijo hizo más por él que los dos sicólogos que lo trataron.
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