28 de noviembre 2000 - 00:00

Un equipo de gran jerarquía, que supo marcar diferencias

La felicidad del plantel de Boca
La felicidad del plantel de Boca
Boca es campeón del mundo, aunque la copa en juego se llame Intercontinental. Simplemente, porque siempre le sacó alguna diferencia al renombrado Real Madrid, que llegaba a esta instancia con la pomposidad de sus grandes y millonarias figuras, su estirpe señorial de un fútbol considerado por muchos como «el mejor de Europa», ostentando títulos consagratorios en el Viejo Continente y hace días apenas, logrando un categórico triunfo ante el fastuoso Leeds United, en su propio terreno.

Ese plus de Boca estuvo tal vez flotando antes de comenzar el encuentro. Primero sabiendo (aunque obviamente respetando a su adversario) que no debía tener fisuras y sobre esa plataforma comenzó Bianchi a edificar este resonante triunfo que llevó a la obtención de la Copa, quizá la última en Japón pues hay indicios ciertos que será disputada en Miami en el futuro y entre campeones de todos los continentes.

En verdad, salvo los jugadores, nadie sabe lo que dijo Bianchi en la charla previa. Sin embargo, vale apuntar que Boca salió ganando en fervor, en que la idea no era simplemente esperar al Real sino tocarlo donde más le duele (en defensa) y buscar huecos entre Hierro o Karanka, apretando en velocidad por derecha para que el brasileño Roberto Carlos no tenga espacios para ganar en ofensiva.

Palermo le dio forma a una intención. De pronto inesperada hasta para el propio técnico de sacar una pequeña ventaja (primero) y amplia (minutos después) que tenía sabor de golpe de nocaut. Cuando Real despertó se dio cuenta que era muy difícil escalar el peldaño que tenía por delante, que Boca ya había hecho su negocio aunque Roberto Carlos achicara poco después la diferencia.

Tal vez lo más importante de este Boca «japonés» fue que supo manejar los tiempos. Apretando dientes cuando los españoles intuyeron la posibilidad de llegar con alguna pretensión de gol. Si bien en algún momento no estuvieron lejos, también se dieron cuenta que no iban a encontrar las facilidades defensivas -que ellos mismos propiciaban-para el remate al arco o el cabezazo limpio. Fue cuando Boca se puso el mameluco para trabajar el partido. Desde la zona media, con el destacable trajinar de Battaglia, la fuerza que imponía Serna (para que los delanteros lleguen desarmados a la última línea) y la pausa de Basualdo para intentar la réplica... Boca también lo superaba en estrategia.

Por si algo le faltaba al equipo argentino para redondear una tarea colectiva, comenzó a funcionar la pieza que le faltaba: Riquelme. Movilidad, pausa, cambio de frente, freno, volver a empezar como para que los minutos transcurrieran lentamente, de la misma manera que se desvanecían las posibilidades del Real de definir por penales. A pesar de algún sofocón Boca era ganador desde hacía un rato largo. Simplemente porque si algo no había perdido eran sus «ganas de ganar...».

Luego fue todo festejo: puños apretados, gritos de euforia, abrazos, lágrimas, camisetas al viento...Lo que sólo Boca y sus hinchas pueden ofrecer (y esto se puede parangonar con cualquier equipo del mundo. Todo un espectáculo para los que no sienten el fútbol como en nuestras tierras, o como en la misma España, sepan lo que es un sentimiento. Aunque todavía haya algunos que crean que para el Real Madrid no tenía mucha importancia este trofeo.

Entonces nos preguntamos. ¿Por qué fueron veinte mil personas a festejar a la Cibeles cuando le ganaron la final a Vasco da Gama? ¿Por qué protestaron tanto Figo y Raúl (por poner algún nombre) cuando le cobraban una posición adelantada o una falta? ¿Por qué increparon al árbitro cuando se les dio por entender que faltaban jugar algunos minutos? Bastó ver la cara del españolizado Valdano (ahora en su nueva función de manager general del Real) para darse cuenta de dos premisas: que el triunfo de Boca caló hondo en lo anímico y cuánto hubiese querido el Real alzar esa misma Intercontinental.

Por eso decimos que Boca sacó una luz en todo. Por eso fue mejor y por eso es el cabal ganador de esta edición (¿la última?) de la Copa Intercontinental. La misma que hoy la FIFA -vía Blatter- quiere llevar por otros cauces.


Boca: Córdoba; Ibarra, Bermúdez, Traverso, Matellán; Battaglia, Serna, Basualdo, Riquelme; Delgado y Palermo. DT: Carlos Bianchi.

Real Madrid:
Casillas; Geremi, Hierro, Karanka, Roberto Carlos; Figo, Helguera, Makelele, McManaman; Guti y Raúl. DT: Vicente del Bosque.

Goles:
PT 2m y 5m Palermo (B), 11m Roberto Carlos (RM).

Cambios: ST 20m Savio por McManaman (RM), 31m Morientes por Makelele (RM), 42m Guillermo Barros Schelotto por Delgado (B), 47m Burdisso por Battaglia (B).

Estadio: Nacional de Tokio.

Arbitro: Oscar Ruiz, de Colombia.

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