Una buena costumbre: el Sub-20 volvió a ser campeón mundial
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La nueva joya campeón con el Real Madrid que es seguido por la Selección argentina
Mauro Zárate abre sus brazos y festeja el gol que le dio el Mundial a la Selección argentina
(arriba). La felicidad de los chicos argentinos. Romero alza la Copa del Mundo y Banega
se la pide ante la mirada de los demás. La Selección obtuvo el sexto título mundial de la
categoría (abajo).
Banega, que no había jugado bien en el primer tiempo, empezó a ser el socio de Moralez en la creación y a partir de allí Argentina se convirtió en dominador.
Sin embargo, en el mejor momento de la Selección, República Checa se puso en ventaja con un desborde de Strestik por derecha que aprovechó Fenin para de media vuelta desairar a Fazio y derrotar a Romero.
Argentina no se desesperó y siguió intentando con su fútbol característico de pelota al piso y toque seguro y elegante. Así consiguió el empate con un gran pase de Banega que Agüero definió con mucha calidad.
A partir del empate, hubo un solo equipo que buscó el triunfo: Argentina, con un Moralez magnífico que dominó y creó muchas situaciones de gol que hicieron lucir al arquero Petr. Parecía que el partido tenía destino de alargue, pero Mauro Zárate (que había jugado muy mal y había abusado del individualismo) desbordó por izquierda y remató al arco sin mucha fuerza; la pelota le picó en el área chica a Petr y tomó velocidad superándolo por sobre sus brazos; fue el gol del campeonato, el que definió un Mundial Sub-20 que se lo llevó el mejor, el que siempre intentó jugar y el que tuvo mayor «fair play», aguantándose golpes descalificadores sin protestar nunca y volviendo a pedir la pelota en la jugada siguiente para intentar atacar otra vez. Un equipo característico de la escuela de Pekerman, con un Tocalli que siempre fue su «mejor alumno».



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