23 de febrero 2004 - 00:00

9 de cada 10 nuevos empleos son en negro

Incide el exceso de regulaciones laborales, el congelamiento de despidos y los decretazos de aumentos salariales que dispuso el gobierno. No obstante, mañana el gobierno agravará más la situación sancionando una innecesaria reforma laboral que incrementa el costo para empresas. Pese a los inconvenientes de la ley, se suma el Congreso que la sancionará para limpiar culpas por temor a las acusaciones por sobornos.

9 de cada 10 nuevos empleos son en negro
El año pasado, solamente uno de cada diez empleos generados fue en blanco. La delicada situación del mercado laboral hoy en el país se ve agravada por este crecimiento del trabajo en negro, tema que el gobierno elude hablar y, cuando lo hace, es para señalar que aumentará las inspecciones a empleadores.

Medidas como la doble indemnización, altos impuestos al trabajo y aumentos por decreto fueron los motores del auge del empleo en negro. Un interesante enfoque sobre este fenómeno lo da el último informe del Instituto para el Desarrollo Argentino. Señala lo siguiente:

• La sanción de la reforma laboral está destinada a constituir una nueva frustración para las expectativas, compartidas por toda la sociedad, de que necesitamos más y mejores empleos.

• La evidencia internacional y la propia experiencia de la Argentina muestran que las regulaciones laborales afectan, y mucho, la cantidad y calidad de los empleos que genera un país.

• Un buen ejemplo es la dinámica del mercado de trabajo en el último año: según datos oficiales, para 2003 se estima que el crecimiento del PBI alcanzó 8,4% y el incremento del empleo fue de 7%. Sólo 1 de cada 10 empleos generados fue registrado, y entre 2002 y 2003, la caída del salario real fue de 36%. Para los asalariados registrados, la caída del salario real fue de 31%, mientras que para los no registrados, el salario real cayó 41%.

•Compensación

Un dato clave del informe de Idesa es que «la generación de empleos fue elevada gracias a la conjunción de la recuperación de la actividad económica con una relación empleo-producto muy alta (0,8). Sin embargo, esta alta relación empleoproducto se explica por la profunda caída en la calidad de los empleos: 9 de cada 10 nuevos empleos fueron no registrados, y el salario real se redujo en casi un tercio de su valor. Esto indica que las empresas compensaron rigidez laboral con reducciones drásticas de los salarios (lo que tradicionalmente ocurría en la Argentina antes de 1991 en un contexto inflacionario).

«Además, muchas empresas, especialmente las más pequeñas, apelaron a contratar por fuera de la legislación laboral.» En otra parte el informe dice que «para reforzar la evidencia de la importancia de las regulaciones laborales, es útil observar el comportamiento del mercado laboral de la Argentina en el período postequila.

• Entre 1995 y 1998, la economía creció a un tasa promedio de 5,8% anual, y el empleo a 4% anual.

• Casi 1 de cada 4 empleos generados fue registrado.

• El salario real promedio se mantuvo prácticamente constante. El ingreso de los asalariados registrados aumentó 5% y el de no registrado cayó sólo 3%.

«¿Qué explicación hay para que en 2003 el empleo se recupere con caída del salario real, y entre 1995 y 1998, se recuperó sin caída del salario real? ¿Qué explica que si bien en ambos períodos la mayoría de los empleos fueron no registrados, en 2003 la proporción haya sido mucho mayor?», se pregunta Idesa, para concluir que «un posible argumento es que el principal factor son las regulaciones laborales».

Elogia el período de prueba que comenzó a funcionar en los '90, «las modalidades promovidas de contratación, la disminución de las contribuciones patronales y un nuevo sistema de riesgos del trabajo».

«Estas transformaciones, muchas de ellas eliminadas hacia fines de los '90, explican por qué hubo generación de empleos sin caída de salarios y una apelación menos masiva al empleo no registrado», aclara Idesa.

Para la entidad «no caben dudas de que sin crecimiento de la economía no hay generación de empleos. Pero, a la luz de la propia experiencia, no debería ser motivo de tanta controversia la necesidad de repensar las instituciones laborales. En lugar de dar un impulso regresionista, las nuevas leyes laborales deberían contemplar un impulso creativo que lleve a un fino equilibrio entre protección al trabajador y flexibilidad en la organización del trabajo».

«De lo contrario,
la generación de empleos seguirá dependiendo, como está ocurriendo en la actualidad, de la 'flexibilidad de hecho' que impone la inflación (a través de reducciones del salario real) y la tolerancia frente a la masiva presencia de empleos no registrados», concluye el informe de la entidad.

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