"A las empresas nos falta crédito"

Economía

«El empresario argentino no tiene más remedio que dar pasos seguros a la hora de invertir». La afirmación es de Marcela Blanco, dueña de la empresa de ropa interior y trajes de baño Getien. La empresaria se mostró preocupada por el contexto económico y social que atraviesa la Argentina y aseguró que «no es un buen momento para efectuar inversiones o expandirse en el mercado». A continuación lo más saliente de la entrevista: Periodista: ¿Cómo se inició en el negocio de la indumentaria?

Marcela Blanco: En 1971 mi padre, Juan Carlos Blanco, ya había fundado su empresa en este rubro y en 1984 se sumó mi madre.

En los noventa cuando me recibí de psicóloga tenía claro que quería desarrollarme dentro de la empresa familiar y por eso hice un posgrado de marketing y desarrollo de producto. Desde entonces estoy a cargo de la parte comercial de Getien.

P.: ¿Es difícil ser mujer y empresaria?

M.B.: Siempre es difícil, sobre todo si además sos joven.

Continuamente hay que demostrar capacidad y habilidades, mucho más que un varón. En mi caso, al estar dentro de una empresa de productos dirigidos a mujeres fue más fácil crecer, aunque, al contrario de lo que se cree, trabajar en una empresa familiar es realmente complicado.

P.: ¿Qué desventajas tiene trabajar en una empresa familiar?

M.B.: El trabajo es permanente. En las reuniones familiares siempre se termina hablando de trabajo. Es muy difícil separar porque la empresa es parte de mi vida y mi familia.

P.: ¿Y cuáles las ventajas?

M.B.:
La más importante es la libertad para manejar mis tiempos. También, al trabajar con familiares la confianza que se deposita a la hora de delegar tareas es mayor. Este aspecto es clave para afrontar nuevas decisiones y seguir creciendo.

P.: ¿Qué significa ser empresaria en la Argentina?

M.B: Es una tarea difícil porque uno tiene una gran responsabilidad. El hecho de tener empleados a cargo, cuyo único ingreso es el que reciben por el trabajo en nuestra compañía, hace que uno se obligue a ser muy cauteloso en los proyectos que emprende, sobre todo por la inestabilidad que dinero necesario para hacerlo. También la falta de mano de obra calificada en el trabajo manual y de costura: los egresados de la carrera de indumentaria tienen buenas ideas pero no saben del oficio, no saben cómo coser con una máquina. Hoy nuestro principal desafío es retener a los talentos, ya que, ante la inexistencia en el mercado de personal capacitado, la oferta laboral es amplia.

P.: Muchos fabricantes de indumentaria se quejan de que las fábricas argentinas de telas no están a la altura de la competencia internacional. ¿Es verdad?

M.B.: Sí, las telas importadas tienen otra densidad y textura, que sólo se logran con maquinaria sofisticada. En nuestro caso, podríamos modernizar la fábrica pero hacerlo implica un gran gasto y es difícil tomar una decisión de tal magnitud sabiendo que la Argentina cíclicamente entra en recesión. Una máquina como las que tienen las plantas europeas cuesta alrededor de 180.000 euros. Si invirtiéramos tanto dinero y luego el consumo se frenara, sería muy complicado seguir adelante. El empresario argentino no tiene más remedio que de dar pasos seguros a la hora de invertir.

Entrevista de Marcela Pagano

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