Si bien la información no es demasiado útil, vale generalizar que, de no haberse celebrado el "labour day", setiembre hubiera arrancado con una jornada alcista. Al menos esto es lo que sugiere el comportamiento de las empresas con certificados cotizando en Londres, Luxemburgo, Francfort y Tokio. Pero posiblemente esto importe poco a los más de nueve millones de norteamericanos que no tienen empleo y que podrían convertir al presidente Bush en el primero desde los tiempos de Herbert Hoover (1933) en dejar su administración con más desocupados que los que tenía al momento de iniciarla. Volviendo de su largo descanso veraniego (un mes, un lujo que no muchos presidentes del mundo pueden darse) al menos George W. Bush pareció cambiar un poco la línea de sus discursos al admitir que enfrenta un grave problema en el frente laboral y prometió que el crecimiento que se vislumbra será capaz de paliar la desazón de los trabajadores. Sin dudas que en esto tiene tanto que ver la responsabilidad del Poder Ejecutivo tanto como la caída en las encuestas donde más de 50% de los electores afirma que no piensa votar a favor de la reelección. Es que a pesar de lo que dicen los grandes números la población parece sentir mayoritariamente que se sigue en un proceso recesivo. Esto que tiene un gran contenido político también interesa desde el punto de vista de la inversión bursátil: mientras los ciudadanos no se sientan confiados en que podrán mantener sus puestos de trabajo, continuarán mostrándose reticentes a invertir en cualquier cosa que no sea su propia casa o colocaciones libres de riesgo. Así las acciones quedan prácticamente en la cola de las preferencias y cualquier suba que tengamos seguirá siendo extremadamente volátil.
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