Actuar para potenciar la formalización laboral
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Los que no cuestionaron el déficit de la década de los noventa, atado al endeudamiento externo, hoy promueven recortes sobre programas para cuidar la "sostenibilidad" del gasto. Al mismo tiempo, proyectan cifras catastróficas sobre el crecimiento económico.
En las perspectivas externas para el país, se destaca el crecimiento del 2,8% estimado para Estados Unidos, que usualmente estimula un 0,6% al resto del mundo por cada punto porcentual que crece. Con una cosecha récord de soja en Argentina, tal como se espera, y precios que se encuentran en un buen nivel, podría esperarse una mejora de los índices actuales hacia la segunda mitad del año.
La pregunta es si esa mejoría será apropiada por el sector agrícola o se distribuirá a toda la sociedad. Precisamente, ciertas acciones de política pública como el programa PROG.R.ES.AR para jóvenes sin empleo y que no pueden acceder al estudio, y el anuncio del programa de regularización laboral para pymes, muestran el rumbo elegido.
El proyecto de Ley de promoción de trabajo registrado y prevención del fraude, busca facilitar el registro formal de los trabajadores y reducir el empleo no registrado del 34,5% actual al 28%. Las medidas tendrían un costo primario de 4.150 millones de pesos en beneficios a los empleadores, el 65% de esos beneficios con destino a microempresas; estas últimas representan el 50% del total de los empleadores formales.
Las empresas que contraten nuevos trabajadores tendrán una reducción en las contribuciones patronales total durante el primer año, y en el segundo, del 25% si tienen hasta 15 empleados y del 50% las que posean entre 16 y 80 operarios. Para las compañías de más de 80 trabajadores, el beneficio será de una reducción del 75% para los primeros 24 meses de relación laboral. En todos los casos, los beneficios no podrán afectar los aportes a la seguridad social.
Al mismo tiempo, se creará el Registro Público de Empleadores con Sanciones Laborales (REPSAL), que incluirá a todas las empresas que no registren a sus trabajadores, que contraten a niños o adolescentes fuera de los límites legales y que incurran en trata de personas para el trabajo forzado, así como las sanciones laborales que aplique la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT).
Las empresas que tengan infracciones, además de las sanciones que correspondan, se incluirán en el registro y se les aplicarán restricciones que pueden incluir desde la anulación de subsidios estatales hasta la pérdida de beneficios impositivos.
Los impactos externos positivos pueden encapsularse en unos pocos beneficiados si el Estado no actúa, o pueden usarse para capacitar, regularizar y potenciar a los sectores más débiles de la producción. Está claro el rumbo que ha adoptado el actual gobierno, como así también el proyecto de país que promueven quienes lo rechazan.
* Economista del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)




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