11 de febrero 2026 - 11:58

Alerta en la city: la inflación de enero ensancha las bandas y pone fecha de vencimiento al carry trade fácil

La paradoja de la nueva configuración de marzo es que es "sana" para la política monetaria, pero tóxica para la especulación financiera de corto plazo.

El carry trade comienza a complicarse y se vuelve una opción con renovados riesgos.

El carry trade comienza a complicarse y se vuelve una opción con renovados riesgos.

La inflación confirmó una aceleración en los últimos ocho meses y gatillará un ajuste automático en el techo de la zona de no intervención cambiaria para marzo. Con un potencial "upside" del 18% entre el dólar spot y el nuevo techo de la banda, la relación riesgo-retorno de la bicicleta financiera se deteriora drásticamente. Los inversores recalibran sus carteras ante un Banco Central que gana margen de maniobra a costa de la seguridad del especulador.

En los mercados financieros, la certeza es el activo más valioso y, a menudo, el más escaso. Durante los últimos meses, los operadores de la city porteña habían encontrado un refugio rentable en la relativa calma cambiaria: el carry trade. Vender dólares, colocarse en pesos a tasa y recomprar divisas baratas parecía una apuesta unidireccional ganadora. Sin embargo, el dato de inflación de enero, publicado esta semana, actuó como un balde de agua fría sobre esta lógica, encendiendo una luz amarilla que ningún gestor de portafolio puede ignorar.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) confirmó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de enero se ubicó en un 2,9%. El número no es aislado; ratifica una tendencia de aceleración que ya acumula ocho meses consecutivos desde aquel piso del 1,5% mensual registrado en mayo del año pasado. Pero más allá del impacto en el bolsillo del consumidor, este 2,9% tiene una consecuencia mecánica y directa sobre la política monetaria y cambiaria: define la amplitud de la cancha donde jugará el dólar en marzo.

Bajo el actual esquema de flotación administrada entre bandas, los límites de intervención se ajustan por la inflación pasada. Por ende, la aceleración de los precios ensancha los límites, elevando el techo de la banda cambiaria muy por encima de la cotización actual del mercado. Para el inversor apalancado en pesos, esto significa que la red de seguridad se movió hacia arriba, y deja un abismo de volatilidad potencial que las tasas de interés actuales difícilmente puedan cubrir.

La aritmética del riesgo: un "gap" del 18%

Para entender por qué el carry trade entró en zona de riesgo, hay que mirar los números fríos. El mecanismo de transmisión es automático: el 2,9% de inflación de enero se traslada al ajuste de las bandas de marzo. Según las proyecciones esto ubicará el techo de la banda cambiaria en torno a los $1.654 para finales del próximo mes.

El contraste con la realidad del mercado spot es brutal. Con un cierre del dólar mayorista operando el martes en niveles de $1.406, la distancia hasta el techo de la zona de no intervención se estira hasta un 18%.

Este "gap" es la medida del riesgo. Técnicamente, el dólar podría flotar libremente desde los $1.406 actuales hasta los $1.654 sin que el Banco Central (BCRA) tenga la obligación legal ni la necesidad operativa de vender un solo dólar de sus reservas para frenarlo.

Para el inversor que hace carry trade, esta es la pesadilla. La operación se basa en la premisa de que el dólar se mantendrá estable o subirá menos que la tasa de interés en pesos (que hoy rinde entre un 3% y un 4% mensual). Si el tipo de cambio se despierta y recorre apenas un tercio de ese trayecto del 18% habilitado por la banda, la ganancia de tasa de varios meses se borraría en un par de ruedas cambiarias.

El espejismo de la estabilidad actual

¿Por qué el dólar se mantiene en $1.406 si la inflación acelera? La respuesta reside en la oferta, no en la demanda genuina de dinero. El mercado cambiario está experimentando un flujo de oferta extraordinario impulsado por la colocación de deuda, tanto del sector público como del privado (obligaciones negociables, fideicomisos, bonos provinciales).

Esta deuda, al ser suscripta en moneda dura y liquidada en el mercado local en pesos por medidas regulatorias, genera una presión bajista artificial sobre el tipo de cambio. Es este flujo el que se alimentó la "bicicleta financiera" hasta ahora: se venden dólares financieros para aprovechar las altas tasas en pesos, y se apuesta a que el flujo de deuda mantendrá al dólar "planchado".

Sin embargo, el dato de inflación de enero introduce una variable de inestabilidad. Al elevar el techo de la banda, el Banco Central envía una señal implícita: está dispuesto a tolerar un tipo de cambio nominal más alto si el mercado así lo demanda. La "zona de confort" del carry se estrecha porque el seguro implícito (la intervención del BCRA) ahora está mucho más lejos, a $1.654.

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Un cambio de régimen para el inversor

La modificación del ajuste de bandas por inflación pasada crea una inercia peligrosa. En un contexto de desinflación (como el primer semestre del año pasado), las bandas actuaban como un ancla. En un contexto de aceleración inflacionaria (la realidad actual), las bandas validan nominalidad creciente.

Hasta el mes pasado, la cercanía del precio del dólar con el techo de la banda ofrecía una garantía técnica: el "upside" (potencial de suba) estaba limitado por la intervención inminente del Central. Hoy, esa garantía se disolvió.

El inversor racional debe preguntarse: ¿Vale la pena ganar un 3,5% o 4% en pesos cuando el tipo de cambio tiene un recorrido libre del 18% antes de encontrar resistencia oficial?

El mercado no dejará de operar. La deuda en dólares seguirá emitiéndose y liquidándose, generando oferta. Pero la demanda especulativa de pesos, esa que sostiene el carry trade, se volverá mucho más selectiva y nerviosa. Es probable que veamos una migración hacia instrumentos de cobertura (bonos CER, dólar futuro) o una dolarización de carteras más agresiva ante cualquier ruido político o económico.

Conclusión: mayor margen para el BCRA, menor para el mercado

La paradoja de la nueva configuración de marzo es que es "sana" para la política monetaria, pero tóxica para la especulación financiera de corto plazo.

Que exista una brecha mayor entre el precio de mercado y el techo de la banda es, en teoría, una buena noticia para el Banco Central. Le otorga mayor "poder de fuego" y le permite preservar reservas, ya que no tiene que salir a vender divisas ante cualquier movimiento menor del tipo de cambio. Recupera la flotación como amortiguador de "shocks".

Pero para el mercado, el mensaje es otro. La estabilidad cambiaria ya no está garantizada por la cercanía del techo. El dólar tiene permiso para subir. El 2,9% de inflación de enero no fue solo un dato de precios; fue la campana de largada para una nueva etapa donde la volatilidad cambiaria vuelve a ser un riesgo tangible. Las operaciones de tasa en pesos seguirán existiendo, pero la época del "dinero fácil" con tipo de cambio fijo ha terminado. A partir de marzo, el "carry trade" será un deporte solo apto para profesionales con alta tolerancia al riesgo.

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