Apuran una nueva ley de gremios para amortiguar el fallo anti-Moyano
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Cristina de Kirchner
Desde el kirchnerismo del Congreso ayer hubo silencio absoluto. Pero eso no implicó un reconocimiento de la gravedad del tema que afecta tanto al gobierno, a la CGT y a las empresas, que reaccionaron desesperadas pensando que en el futuro pueden tener a más de un delegado por sector negociando incrementos salariales. En eso, todos son socios ahora de Moyano.
«El efecto es importante pero no inmediato. Lo que dicen los considerandos del fallo es más duro que el propio pronunciamiento: no hace otra cosa que reconocer el Convenio 87 de la OIT que establece la libertad sindical», reconocían desde el oficialismo.
A favor o en contra, nadie dejó de reconocer que ésta es la batalla más complicada que tiene el gobierno por delante, producto de la inacción de los Kirchner en el tema que prefirieron, desde el inicio de la era del matrimonio, recostarse en la CGT oficial, olvidando promesas de campaña.
No son los únicos: los radicales ahora reviven los conceptos de la ley que Raúl Alfonsín no pudo aprobar en el Senado en el 84.
Para el primer presidente de la democracia el tema fue crucial. Alfonsín sabía que no podría organizar un gobierno de seis años si tenía delante un monopolio sindical aliado al peronismo que le atara las manos.
Tan importante fue la definición que su ministro de Trabajo, Antonio Mucci (llegado también desde el sindicalismo)envió el proyecto de ley de reordenamiento sindical al Congreso una semana después de la asunción presidencial. El 21 de diciembre de 1983 el expediente 25/PE/83 ya tenía estado parlamentario: fue la primera decisión que tomó el gobierno radical.
Ese proyecto que establecía la libertad de elección sindical, modificando el mismo artículo que ahora la Corte declaró inconstitucional, se aprobó en Diputados en una larga sesión entre el 10 y 11 de febrero de 1984.
Pasó luego al Senado y allí fue rechazado por un voto el 15 de marzo del mismo año. Ese día la diferencia la hizo el neuquino Elías Sapag, quien por las presiones que recibió de la CGT de entonces terminó peleado con su hermano Felipe y resintiendo la relación dentro de esa familia que controlaba toda la provincia.
Ese día la Plaza del Congresoestuvo completa. Los militantes radicales hicieron vigilia desde el día anterior ocupando la mitad y al momento de la votación ingresaron las columnas de la CGT lideradas por Saúl Ubaldini. La UCR se retiró derrotada y comenzaron luego, a sólo tres meses de haber asumido el mando, la sucesión de los famosos 13 paros con que Ubaldini animó la oposición al gobierno de Alfonsín, que en tan poco tiempo había comenzado a perder la iniciativa política.
Hubo luego otros intentos de reformas, como en 1988, pero que nunca intentaron impactar el centro del monopolio de la representación que ostenta la CGT. Hasta ahora, que por inacción del poder político la Corte, una vez más decidió avanzar.




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