La potenciación de Austral es un viejo plan del grupo que controla Aerolíneas Argentinas: en caso de escalar el actual conflicto a límites incontrolables, el «Plan B» es avanzar con Austral y abandonar Aerolíneas poco menos que a su suerte. Cabe recordar cómo pelearon ante la Subsecretaría de Transporte Aerocomercial algunas rutas que había perdido Austral por inacción de los anteriores accionistas -aun cuando Aerolíneas las mantenía-y tambiénla transferencia de máquinas de Aerolíneas a Austral. Son claras señales de que Austral es hoy la opción para cubrir el mercado argentino, en caso de que la «ausencia» de Aerolíneas se haga permanente.
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Así, el tercer punto de la comunicación de ayer resulta un elemento clave para entender hacia dónde se dirige este conflicto: allí se anuncia que «se brindarán las garantías necesarias a fin de que la empresa Austral continúe con sus operaciones».
Más claro imposible: las fichas del Grupo Aircomet (o sea el grupo Marsans más Antonio Mata) están ahora en la más chica de sus dos empresas, en la que casi no tiene conflictos laborales y cuyos sindicatos son diferentes de los de Aerolíneas.
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